A los que nos gusta escribir y opinar sobre música, bueno más bien a los que nos gusta opinar en general, disfrutamos fantaseando con cuestiones del tipo, obras que nos llevaríamos con nosotros a una isla desierta, a un viaje interplanetario, o cualquier otra cosa que se os ocurra. Quizás es un pequeño acto de vanidad en el que intentamos sintetizar nuestros gustos y darlos a conocer. Esta elección es un ejercicio muy personal, así que es casi imposible coincidir con nadie en la totalidad de las obras, sobre todo si se trata de listas extensas. Hoy siento la necesidad de hablaros de los discos que encontraríais en mi isla desierta si sufrierais un naufragio y coincidiéramos allí. No me apetece dar una lista de mis imprescindibles, sino de vez en cuando ir contando cuales son estas obras de las que no puedo ni quiero prescindir, y lo que me sugieren.No se me ocurre mejor forma de empezar que realizando un homenaje a uno de los artistas más personales y subyugantes del rock, del cual ya realice un pequeño post al comienzo de este blog, y del que el pasado 25 de octubre se cumplió el 25 aniversario de su fallecimiento, el folk-singer británico Nick Drake y su maravilloso álbum Pink Moon.

Nick Drake nunca tuvo la suerte a su lado. El talento sí, le brotaba a borbotones, pero en vida del artista sus discos nunca alcanzaron demasiada repercusión. Quizás esa fuese la causa de su retiro voluntario después de sacar dos discos en los que puso toda su alma. A pesar de ser una persona muy joven, murió con 26 años, sufría con frecuencia trastornos emocionales que se potenciaban con la ingesta de drogas. A principios de 1971 se recluyó en la mansión española de Chris Blackwell, dueño de la discográfica Island, para encontrar el lugar idóneo en el que trabajar
en su siguiente disco. Una noche de octubre de ese mismo año, se encerró en el estudio a altas horas de la madrugada y en un par de sesiones grabó, acompañado de su amigo el cantante de folk inglés John Wood, su obra titulada Pink Moon. Esta fue su peculiar manera de actuar, llegando después de la media noche, grabando unos cuantos temas y marchándose después como un alma sigilosa. A excepción del tema que da título al álbum en el cual se incluía un piano, el resto de los cortes se grabaron casi en su totalidad en una sola toma, con la guitarra desnuda de Drake acompañando a su delicada e inquietante voz. Fueron un total once temas, en los que Drake huyó de los arreglos orquestales de sus dos primeros álbumes, para adentrarse en la complejidad de sus composiciones llevadas al minimalismo. A pesar de que en sus canciones se trasmite cierta melancolía y desazón, Drake sabía como equilibrar la balanza añadiendo ciertas dosis de luminosidad y optimismo. Pink Moon es un disco en el que se respira el aroma del folk inglés, que se alimenta de los ecos de Bert Jansch, Pentagle, Fairport Convention o incluso del folk americano de la mano de Dylan, Fred Neil o Jackson C. Frank. Toma en este disco gran relevancia el trabajo con la guitarra del propio Drake, con sus afinaciones abiertas y su hermosa técnica de rasgueo. En poco menos de media hora Drake nos desarma con su fragilidad y lirismo, llevándonos a ese estado ánimo que fluctúa entre la melancolía y soledad, que portugueses y brasileiros califican con la preciosa palabra saudade.
Este fue el último álbum de un artista que no podía faltar en mi isla desierta. Un disco que podrías disfrutar cuando la tristeza y la desesperanza te invadieran, y que al contrario de lo que debiera de suponerse, te daría alas guiándote por la senda del optimismo como un jinete libre. El mejor disco de un artista que tanto ha influido en generaciones posteriores, y que en palabras del productor americano Joe Boyd, se trata de una obra de tranquila desesperación, el sonido de alguien que pende de un hilo.
Track 01 Pink Moon
Track 02 Place To Be
Track 06 Things Behind the Sun
Track 08 Parasite
Track 09 Free Ride







