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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Kit de supervivencia musical: Pink Moon de Nick Drake (1972)

A los que nos gusta escribir y opinar sobre música, bueno más bien a los que nos gusta opinar en general, disfrutamos fantaseando con cuestiones del tipo, obras que nos llevaríamos con nosotros a una isla desierta, a un viaje interplanetario, o cualquier otra cosa que se os ocurra. Quizás es un pequeño acto de vanidad en el que intentamos sintetizar nuestros gustos y darlos a conocer. Esta elección es un ejercicio muy personal, así que es casi imposible coincidir con nadie en la totalidad de las obras, sobre todo si se trata de listas extensas. Hoy siento la necesidad de hablaros de los discos que encontraríais en mi isla desierta si sufrierais un naufragio y coincidiéramos allí. No me apetece dar una lista de mis imprescindibles, sino de vez en cuando ir contando cuales son estas obras de las que no puedo ni quiero prescindir, y lo que me sugieren.
No se me ocurre mejor forma de empezar que realizando un homenaje a uno de los artistas más personales y subyugantes del rock, del cual ya realice un pequeño post al comienzo de este blog, y del que el pasado 25 de octubre se cumplió el 25 aniversario de su fallecimiento, el folk-singer británico Nick Drake y su maravilloso álbum Pink Moon.



Nick Drake nunca tuvo la suerte a su lado. El talento sí, le brotaba a borbotones, pero en vida del artista sus discos nunca alcanzaron demasiada repercusión. Quizás esa fuese la causa de su retiro voluntario después de sacar dos discos en los que puso toda su alma. A pesar de ser una persona muy joven, murió con 26 años, sufría con frecuencia trastornos emocionales que se potenciaban con la ingesta de drogas. A principios de 1971 se recluyó en la mansión española de Chris Blackwell, dueño de la discográfica Island, para encontrar el lugar idóneo en el que trabajar en su siguiente disco. Una noche de octubre de ese mismo año, se encerró en el estudio a altas horas de la madrugada y en un par de sesiones grabó, acompañado de su amigo el cantante de folk inglés John Wood, su obra titulada Pink Moon. Esta fue su peculiar manera de actuar, llegando después de la media noche, grabando unos cuantos temas y marchándose después como un alma sigilosa. A excepción del tema que da título al álbum en el cual se incluía un piano, el resto de los cortes se grabaron casi en su totalidad en una sola toma, con la guitarra desnuda de Drake acompañando a su delicada e inquietante voz. Fueron un total once temas, en los que Drake huyó de los arreglos orquestales de sus dos primeros álbumes, para adentrarse en la complejidad de sus composiciones llevadas al minimalismo. A pesar de que en sus canciones se trasmite cierta melancolía y desazón, Drake sabía como equilibrar la balanza añadiendo ciertas dosis de luminosidad y optimismo. Pink Moon es un disco en el que se respira el aroma del folk inglés, que se alimenta de los ecos de Bert Jansch, Pentagle, Fairport Convention o incluso del folk americano de la mano de Dylan, Fred Neil o Jackson C. Frank. Toma en este disco gran relevancia el trabajo con la guitarra del propio Drake, con sus afinaciones abiertas y su hermosa técnica de rasgueo. En poco menos de media hora Drake nos desarma con su fragilidad y lirismo, llevándonos a ese estado ánimo que fluctúa entre la melancolía y soledad, que portugueses y brasileiros califican con la preciosa palabra saudade.



Este fue el último álbum de un artista que no podía faltar en mi isla desierta. Un disco que podrías disfrutar cuando la tristeza y la desesperanza te invadieran, y que al contrario de lo que debiera de suponerse, te daría alas guiándote por la senda del optimismo como un jinete libre. El mejor disco de un artista que tanto ha influido en generaciones posteriores, y que en palabras del productor americano Joe Boyd, se trata de una obra de tranquila desesperación, el sonido de alguien que pende de un hilo.


Track 01 Pink Moon


Track 02 Place To Be


Track 06 Things Behind the Sun


Track 08 Parasite


Track 09 Free Ride

miércoles, 27 de mayo de 2009

Jackson C. Frank, maldita la suerte

En ocasiones descubro músicos y grupos desconocidos u olvidados a través de una película, la radio, un anuncio en la televisión. Una canción o una música captan mi atención y hasta que no descubro el título y el autor no cejo en mi empeño. Gracias a esta ventana al mundo y a la información que es Internet, está búsqueda se ha simplificado enormemente de unos años a esta parte. Supongo que mi apetito musical y la curiosidad hacen el resto. Me resulta muy placentero descubrir nuevos artistas o artistas olvidados de esta forma, me recuerda a cuando me compraba un disco en mi juventud y tenía unas ganas increíbles de llegar a casa y pincharlo. En muchos casos, solo tenía referencia de él por alguna canción, alguna recomendación o por un amor a primera vista con la portada.
A Jackson C. Frank lo descubrí por una canción que sonaba en la infumable película de Vincent Gallo The Brown Bunnie. Se trataba de Milk and Honey, el track número seis de su único álbum titulado igualmente Jackson C. Frank y grabado en 1965. El disco se grabó en Londres y fue producido por Paul Simon, participando también Art Grafunkel y Al Stewart. Jackson llegó a Londres desde los Estados Unidos de donde era oriundo. Tuvo la suerte de cobrar el dinero de un seguro por un accidente que sufrió en su niñez y se embarcó rumbo a Europa. Con ese primer trabajo discográfico tuvo bastante éxito en los círculos Folkies del Londres de la época. Parecía que la suerte sonreía a Jackson, incluso preparaba ya las canciones para su segundo disco. Pero de repente esta suerte cambió, la discográfica rechazó las canciones que había compuesto, los estilos musicales de moda cambiaron, el dinero se le terminó y Jackson cayó en una profunda depresión. Regresó a los Estados Unidos, se casó y tuvo un hijo que murió al poco tiempo. Su salud mental empeoraba y la suerte le dio definitivamente la espalda. Ingresos en instituciones psiquiátricas, vagabundear por la ciudad de Nueva York y finalmente ser ingresado en un asilo en sus últimos años, fue lo que le deparó el destino a Jackson C. Frank.
La personalidad atormentada y su tremenda timidez se perciben en las canciones que grabó. Su música y sus letras tienen una sensibilidad especial, que enamoró a gente como Paul Simon, Nick Drake, Bert Jansch o Al Stewart. Jackson C. Frank fue un hombre sin suerte, pero yo me siento muy afortunado por haberle descubierto.

Jackson C. Frank - Blues Run The Game [1965]



Jackson C. Frank - Milk And Honey [1965]



Jackson C. Frank - Blues Run The Game [1965]




Jackson C. Frank - Carnival [1965]

miércoles, 29 de abril de 2009

Nick Drake, un jinete libre

En muchas ocasiones el negocio musical ha apartado y sometido al olvido a una gran cantidad de artistas que, o no han sabido o no han querido someterse a sus normas.
Nick Drake fue sin duda uno de ellos.
Murió joven, apenas 26 años, estaba solo e inmerso en una profunda depresión, quizás ya desencantado de un mundo en el que no encajaba.
Tan solo con 3 álbumes ha conseguido influir en multitud de músicos. Nos dejo obras que merece la pena descubrir o revisar de nuevo, Five Leaves Left de 1969, Bryter Layter de 1970 y quizás su obra definitiva Pink Moon de 1972.
Os dejo un par temas de su ultimo álbum. El primero es el corte numero 9 titulado
Free Ride y el segundo es el tema que abre dicho álbum, Pink Moon.





Su talento perdurará entre nosotros como un jinete libre.
 
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