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viernes, 25 de septiembre de 2009

Pánico En Las Calles (1950), la pandemia llega a la ciudad

El celuloide está plagado de monstruos, demonios propios y demonios ajenos, malvados, seres de otros mundos, catástrofes naturales, catástrofes artificiales y otros fenómenos que nos han provocado distintos grados de afectación en la escala del miedo. El poder de la imagen es el mejor soporte para provocarnos la activación de la amígdala del lóbulo temporal que controla nuestros sistemas emocionales. Además el cine ha utilizado en muchas ocasiones el género de terror para realizar una alegoría sobre aspectos de nuestra propia realidad. Cuando los gobiernos, en forma de censura, y la presión de los grupos de poder impedían que se tratasen directamente temas que les pudieran perjudicar apelando a la memoria colectiva de la gente, los artistas usaron la imaginación y realizaron filmes en apariencia inofensivos pero que sin embargo tenían gran contenido metafórico. Después de la segunda guerra mundial y con la llegada de la guerra fría, la denuncia social y la crítica a la situación política se hicieron más palpables. En los Estados Unidos, tras la llegada del macartismo, estas temáticas se tuvieron que camuflar en filmes aparentemente inofensivos de géneros menores como el de terror o la ciencia ficción. Una de las obras maestras de aquella época y que mejor han soportado el paso del tiempo es el filme de Elia Kazan Pánico En Las Calles (Panic in the Streets), rodado en 1950.

La historia nos narra la lucha que llevan a cabo un médico del servicio de salud del gobierno y un veterano policía por encontrar a una banda de rateros que han contraído sin saberlo la peste bubónica antes de que esta se extienda por toda la ciudad provocando una pandemia. La película cuenta con un argumento realizado por Edna y Edward Anhalt, que ganaron el Oscar en esa edición, y una adaptación para el cine de Richard Murphy. Sin duda es este uno de los puntos fuertes del filme, ya que a lo novedoso del argumento se suman unos diálogos vigorosos y perfectamente integrados dentro de la acción. La fotografía está realizada por el camarógrafo Joseph MacDonald en blanco y negro, denotando una clara influencia del impresionismo alemán. Esto acentúa el tono sórdido de los pasajes por donde trascurre la acción, siendo los bajos fondos, los muelles, los bares de mala reputación, los barrios marginales donde la vida se cuece con otra salsa y por donde la enfermedad encuentra en la miseria su mejor aliado, los mayores beneficiados. La partitura del maestro Alfred Newman encaja perfectamente en el ambiente catastrofista del filme, ayudando a todo el conjunto a trasmitir al espectador la inquietud, el pánico y el terror que destila la obra. Pánico en las calles cuenta también con unas esplendidas interpretaciones tanto en sus papeles principales como es los actores secundarios. Destaca la dicotomía existente entre el joven médico interpretado por el gran Richard Widmark y el policía veterano en manos del experimentado Paul Douglas. Ambos pertenecen a mundos diferentes dentro de la misma sociedad pero que, pese a un comienzo tirante entre ambos, finalmente convergen en el objetivo común de aunar esfuerzos para acabar con la enfermedad, forjándose así un respeto mutuo al final de la película. El actor Jack Palance debuta en esta obra en el papel del malvado jefe de la pequeña banda de hampones. Una interpretación a todas luces grandiosa, de un actor al que su físico le predispone absolutamente para este tipo de roles. Sin duda Palance protagoniza en el filme las escenas más impactantes, como son las dos persecuciones que se producen en las vías férreas y en los muelles de la ciudad.
Elia Kazan consigue con esta obra realizar un híbrido entre el cine negro, el cine policiaco, el cine de catástrofes y el neorrealismo, consiguiendo una mezcla tan heterogénea como sugerente. La obra está rodada casi enteramente en escenarios exteriores, en concreto en la ciudad de Nueva Orleans, lo que proporciona una sensación de realidad y verosimilitud adecuado s con el argumento que narra. Aquí Kazan saca a relucir todo su pulso narrativo, con un ritmo que solo decae cuando las reflexiones personales del médico aparecen.

Creo que sería injusto interpretar el filme como una alegoría anticomunista en consonancia con la biografía y con alguna película posterior de Kazan. Más bien en la obra aparecen rasgos de denuncia social en el retrato que realiza de los bajos fondos de la ciudad y en la constatación de que a veces lo político y lo social caminan por senderos separados. Si tan solo la analizamos como cine de género, Pánico En Las Calles es una muestra excepcional de cine entretenido y ameno, cumpliendo todos los requisitos que se necesitan para ser una película referente en el mismo. En estos últimos tiempos la obra volvería a tener vigencia pudiendo establecerse una cierta similitud con la neurosis existente en la actualidad tras la aparición de diversas pandemias en el mundo. No sería mala idea degustar esta obra y reflexionar sobre ello.


*Pánico En Las Calles (1950) Secuencia de la primera persercución.

martes, 7 de julio de 2009

Pelham, Uno, Dos, Tres. Cine policíaco de los 70

Los años setenta fueron una década en el que cundió el desencanto en la sociedad occidental. La resaca de los felices sesenta empezaba a tomar forma. Las flores del movimiento contra-cultural empezaron a marchitarse. El recrudecimiento de la guerra del Vietnam, el aislamiento del bloque comunista, la crisis económica derivada los problemas energéticos, teniendo al petróleo como mayor exponente, y los escándalos políticos marcaron los acontecimientos sociales. Las drogas lisérgicas y psicotrópicas dieron paso a la heroína y cocaína. El cine y la música no fueron ajenos a dichos cambios. En la música nacieron nuevos estilos y aptitudes. El rock se endurece y se vuelve más experimental, la música soul se vuelve urbana con el funky, el pop se mezcla con la electrónica y nace la música disco y el punk intenta destruir todo lo anterior. En el cine triunfan películas de catástrofes que pretenden arrasar con la raza humana. El western se termina de desmitificar a base de violencia y ralentí. Se intensifica el cine denuncia y el mensaje político se sitúa por encima del valor cinematográfico en muchos casos. El cine negro también se transforma y crece un subgénero denominado cine policíaco. En el cine policíaco nacen sagas como las de Harry el sucio, French Connection o Shaft y una gran cantidad de filmes que retratan la delincuencia en las grandes ciudades. La corrupción política y policial, las mafias y los traficantes de drogas, la prostitución y los asesinos en serie son el caldo de cultivo de filmes duros y violentos rodados de manera realista. Un exponente claro de este tipo de cine es la película Pelham, Uno, Dos, Tres de 1974 (The Taking of Pelham One Two Three). Se trata esta, de una mezcla de cine de catástrofes dentro de una trama policíaca, lo que la singulariza del resto.
Pelham, Uno, Dos, Tres nos cuenta la historia del secuestro de un tren en el metro de Nueva York por una banda organizada de criminales. La exigencia de estos, es la entrega de un millón de dolares en el plazo máximo de una hora. Sino es así, irán ejecutando a los rehenes uno a uno hasta que se les entregue el dinero. La seguridad del metro y la policía de Nueva York se encargarán de negociar con los secuestradores para evitar la tragedia.
La película fue dirigida por Joseph Sargent, un reputado director proveniente de la televisión como muchos directores por esa época. Esta película se convirtió sin ninguna duda en la mejor de su carrera dirigiéndola con buen pulso narrativo, como corresponde a una cinta de sus características. En el filme destacan su acción trepidante y su trama bien dispuesta. Culpa de esto la tiene el excelente montaje que realizó Gerald Greenberg y el milimétrico guión que compuso Peter Stone, basado en el bestseller del mismo titulo scrito por John Godey. La cinta también cuenta con una excelente banda sonora de David Shire y una sobresaliente fotografía de las entrañas del suburbano de Owen Roizman. Los actores son una lista de grandes interpretes de la época como Walter Matthau, Robert Shaw, Martin Balsam o Hector Elizondo, perfectoscada uno en sus papeles.
Pelham, Uno, Dos, Tres es un ejemplo de cine de los setenta del que muchos directores actuales son deudores. El más claro homenaje lo hace Tarantino cuando en Reservoir Dogs pone a sus personajes seudónimos con los colores. En Pelham, Uno, Dos, Tres los cuatro secuestradores utilizan los motes de señor azul, señor gris, señor marrón y señor verde. Está previsto el estreno este verano de un remake realizado por Tony Scott e interpretado por Denzel Washington y John Travolta. Tengo dudas que puedan superar esta estupenda película, pero en el cine todo es posible, ¿no?.


The Taking Of Pelham One Two Three - Trailer (1974)

 
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