viernes, 30 de octubre de 2009

Marty (1955) de Delbert Mann, un canto a la sencillez

A finales de los años cuarenta, la industria cinematográfica estadounidense empezó a sufrir una importante crisis. Las políticas mastodónticas del los grandes estudios, que tan habituales fueron en los años treinta con los magnates del celuloide, ya no podían mantenerse por más tiempo. El cine norteamericano empezaba a sufrir un importante descenso de espectadores debido a diversos factores. La sociedad americana había evolucionado en sus formas de esparcimiento, no solo tenían la sala de cine para pasar sus ratos de ocio. La proliferación de los locales nocturnos de baile y sobre todo la llegada de la televisión provocaron el cierre de miles de salas por todo el país. Además, los gustos de los espectadores también habían cambiado. Estos reclamaban historias más realistas, con un mayor contenido social y más acordes con esos tiempos de posguerra. En el cine europeo sí se había producido ese cambio y estilos como el neorrealismo italiano habían calado entre el público. Así, los grandes estudios declararon la guerra a su enemigo número uno, la televisión, intentando ofrecer nuevos formatos como el cinemascope, grandes producciones plagadas de estrellas o la proliferación de cintas en color. Esto aumentaba enormemente los costes de producción, por lo que el descenso de cintas estrenadas anualmente también descendió. Algunas de las celebridades pasaron a formar parte de la nomina de las cadenas televisivas. Muchos autores, tanto noveles como veteranos, empezaron a realizar telefilmes y series que cosecharon gran éxito de audiencias. Se trataba de historias cercanas y sencillas, con pocos costes en la producción pero que trataban temas que interesaban a la sociedad americana. Las pequeñas productoras de cine, al no poder competir con la televisión, realizando grandes producciones o incorporando nuevos formatos por falta de presupuesto, decidieron adaptar a la pantalla grande aquellas obras que habían tenido éxito en la pequeña pantalla. Uno de los ejemplos más significativos de esas adaptaciones fue la película de Delbert Mann, Marty en 1955.



Marty nació de la pluma del guionista Paddy Chayefsky en 1953. La versión televisiva que también la dirigió el propio Mann, obtuvo bastante éxito en el momento de su emisión, por lo que la productora independiente de Burt Lancaster y Harold Hecht adquirió los derechos para el cine. Para la versión cinematográfica mantuvieron el tándem Chayefsky-Mann pero cambiaron al protagonista principal, Rod Steiger en la televisión por Ernest Borgnine en el cine. Se trataba de una historia sencilla sobre un carnicero del Bronx llamado Marty, metido ya en la treintena y que parece destinado a no encontrar pareja. Este, aparte de las dificultades para relacionarse con las mujeres, también tiene que soportar la presión de la familia y de su entorno. Sin embargo, una noche conoce a una mujer con la que comparte la misma sensación de fracaso en el amor y poco a poco comienza a surgir algo entre ellos.
A pesar de tener Mann un reputado historial en la televisión, Marty fue su opera prima en el cine y lo cierto es que no pudo empezar con mejor pie. La película se convirtió en un éxito rotundo, acaparando los cuatro Oscars más importantes y el premio del festival de Cannes a la mejor película. A pesar de ser una cinta de bajo presupuesto y sin grandes estrellas, el publico conectó enseguida con la historia de ese carnicero bonachón y de esa maestra de escuela tímida que se enamoran en un Nueva York de barrio, que parece sacado de las viñetas de Eisner. Toda la historia está tratada con una sensibilidad apabullante, poniendo de manifiesto temas tan universales para el alma humana como la soledad o el desencanto. Pocas veces hasta este filme, se había podido contemplar la frustración del americano medio y su vida rutinaria en un barrio anodino con esa naturalidad y espontaneidad. Los problemas familiares, los convencionalismos, la vejez o las conductas de la juventud de la época también aparecen reflejados en toda la obra. Sin duda, se trata de un estupendo retrato social de gente corriente que intenta luchar por lograr la felicidad y salir del ostracismo en el que se hayan inmersos.
Aparte de un espectacular Ernest Borgnine en el papel de Marty, destaca en sobremanera la actriz Betsy Blair en el papel de la maestra, curiosamente en un personaje en cierta forma similar al que realizó poco después en la aclamada cinta de Bardem Calle Mayor. La fotografía es en blanco y negro, y corre a cargo del técnico Joseph LaShelle mostrándonos un Nueva York nocturno, sin maquillaje ni adornos.



Desde la televisión, dieron el salto al cine gran cantidad de autores que realizaron una fructífera carrera en la gran pantalla como Sidney Lumet, Martin Ritt, John Frankenheimer o el propio Delbert Mann. Directores curtidos en el formato televisivo, capaces de rodar rápido y barato, además de saber contar historias cotidianas con trasfondo social. Marty nos remite al mejor cine nacido de la pequeña pantalla, en una época donde se esperaban grandes cosas de ese formato. Una película que devolvió al cine americano el interés por las historias sencillas y realistas. Un filme que demostró que se podía hacer cine de calidad y gran éxito con un corto presupuesto y sin estrellas fulgurantes.

lunes, 26 de octubre de 2009

Kris Kristofferson, Closer To The Bone (2009), el forajido cabalga de nuevo.

Por estos lares, la palabra castizo es utilizada en la mayoría de las ocasiones para señalar a alguien trasnochado o seguidor de costumbres tradicionales. Se emplea en muchos casos como algo peyorativo o incluso burlesco. Sin embargo no se me ocurre ninguna palabra más apropiada para denominar, en el idioma en que mejor me desenvuelvo, a los que forman parte de la vieja guardia del folclore anglosajón de Norteamérica. Mientras escribo estas líneas, me vienen a la mente ilustres castizos yanquis. Se da la circunstancia de que en los últimos años han vuelto a reverdecer laureles viejas glorias de este linaje. El empuje y el reconocimiento que las nuevas generaciones del country rock, americana o como quiera denominarse, han tenido hacia sus maestros, sin duda ha ayudado a que del viejo magnolio hayan vuelto a brotar nuevas flores. La figura de Johnny Cash y sus últimas grabaciones para American Recordings, de la mano del avezado Rick Rubin, pueden ser la punta de lanza de todos ellos. El mestizo Willie Nelson sigue en la brecha sacando buenos discos y realizando gran cantidad de colaboraciones con artistas de todo tipo. El último disco de Levon Helm es una obra magnífica, llena de sensibilidad y sabor a destilería ilegal. En las últimas obras de Haggard se respira a porche, a mahogany y a tarta de arándanos. El álbum Same Old Man de John Hiatt es una de mis discos favoritos del año pasado, una obra que te abre horizontes y despeja las nubes, dando paso a las grandes planicies hasta llegar a Grand Junction. El outsider J.J. Cale sigue sonando tan bien como en aquel Naturally o Trobadour de hace más de treinta años, que tanto inspiró a iconos como Clapton o Knopfler. Ni que decir tiene que los prolíficos Young y Dylan mantienen vivas sus carreras desde bastante antes de llegar yo a este mundo, y no tienen pinta de jubilarse en Florida de momento. Pero en esta ocasión le toca el turno de apostar fuerte, dando un puñetazo sobre la mesa, poniendo sus cartas boca arriba y mostrarnos la jugada ganadora, al forajido más lírico de la historia del cine, Kris Kristofferson.



Kris Kristofferson fue una de los iconos norteamericanos más importantes de los años setenta. Tanto su carrera musical, como sus trabajos cinematográficos, han tenido gran repercusión al otro lado del charco. Continuador del Sonido Nashville, aunque con letras más en la onda de Dylan que de Hank Williams, empezó como escritor de canciones para otras estrellas como Johnny Cash, Waylon Jennings o Roger Miller a mediados los años sesenta. A pesar de su limitada voz, no hay discusión posible al afirmar que la escucha de sus tres primeros discos es de obligado cumplimiento para cualquier aficionado a la música country o de roots, que así queda muy cool. Sin embargo su carrera musical pareció palidecer a partir de los años ochenta, década puñetera para lo genuino y lo clásico donde las haya. Tras una larga travesia por el desierto, en 2006 nos sorprendió con un nuevo trabajo que volvía a poner de nuevo al forajido Kris a lomos del caballo. Ese trabajo titulado This Old Road, fue una buena piedra de toque para quitar las telarañas de sus botas gastadas, dar un poco de grasa de caballo al cuero de su silla de montar y preparar su trasero para las largas jornadas sobre un mustang salvaje. Ahora en 2009, y habiendo pasado ya 73 veces por el mes de junio, nos ofrece una pequeña joya titulada Closer To The Bone. Realmente el álbum hace honor a su titulo, ya que se trata de un trabajo que en la primera escucha te llega bien hondo, casi al elemento óseo. En la segunda intentona notas como este cruje y se astilla como la madera vieja del poche al vaivén de la mecedora. A partir de la tercera la cosa no tiene remedio, la voz quebrada y templada por el paso del tiempo de Kristofferson te llega directamente al tuétano y se extiende por tu cuerpo como un veneno de mecha corta. Este álbum vuelve a estar producido por Don Was, que también ejerció de alquimista ambulante para Kristofferson en su anterior disco. Se trata de un disco grabado en directo de estudio, sin ningún tipo de pulimento ni abrillantador, para conseguir, en las palabras de sus autores, la mayor cercanía posible con el oyente. A fe que lo consiguen, si lo escuchas con detenimiento y cierras los ojos, notas la respiración del viejo vaquero en cada estrofa, la calidez de los viejos instrumentos e incluso el aliento a café y tabaco que se respira en el ambiente. Con este trabajo Kristofferson salda cuentas con su pasado, con su familia, con sus amigos y consigo mismo, en una época de su vida en la que la honestidad brilla sobre la vanidad. En esta obra, figuran en los créditos músicos como Rami Jaffee a los teclados, Jim Keltner a la batería, Stephen Bruton a la guitarra y mandolina y el propio Don Was al bajo. Todos ellos gravitan en torno a la guitarra, la armónica y la voz de Kristofferson, sin excesos ni virtuosismos huecos. Se da la circunstancia de que poco después de la grabación del disco Stephen Bruton, amigo intimo del propio Kristofferson, falleció, siendo esta obra un perfecto homenaje póstumo a ese gran músico norteamericano.



En el viejo magnolio del porche ha nacido otra flor llamada Closer To The Bone, el último trabajo de uno de los artistas pertenecientes al linaje más autentico del universo norteamericano. Una banda sonora digna de cualquier film crepuscular de Peckinpah. No encontrareis la perfección ni la excelencia musical en él, pero sí la esencia y la honestidad de un tipo que sigue necesitando la música para expresarse. Sin duda, la arruga es bella.


Closer To The Bone track 01


Starlight And Stone track 04


Good Morning John track 08


Let The Walls Come Down track 10

domingo, 25 de octubre de 2009

Elliot Murphy en el Kafe Antzokia, el eterno trovador de la gran manzana

El pasado jueves se daban varias circunstancias que presagiaban que dicho día no pasaría a la historia de mi existencia como una fecha reseñable. Se fueron los fríos tempranos del otoño pero llegaron las lluvias templadas. Cuando uno se encuentra en casa, en una tarde lluviosa, arropado por su música, sus lecturas o simplemente viéndolas venir, le cuesta decidirse a llamar a un amigo para acudir a algún evento interesante que lo saque de su monotonía. En este caso reuní las fuerzas y las ganas necesarias y llamé a mi querido amigo Santi para apuntarme al plan que hubiera. Había dos opciones interesantes, por un lado tocaba el estupendo guitarrista de jazz Bill Frisell en la sociedad filarmónica de Bilbao y por otro actuaba el sempiterno trovador neoyorkino Elliot Murphy en el Kafe Antzokia. En principio, mi intención era la de inclinar la balanza por el rubio de Long Island, pero el plan era ver un concierto de jazz en un sitio tranquilo. Cuando decides salir de la cueva y te pones en marcha, el tráfico pesado de las ocho de la noche envuelto en lluvia y la dificultad extrema para encontrar un hueco libre para tu batmovil en la capital vizcaína, hacen que desees que esa maldita llamada nunca se hubiera producido. Para darle la razón al otro Murphy, al llegar al lugar te das cuenta de que el concierto era a las ocho y no a las ocho y media. De repente allí te encuentras, a las puertas del garito, lloviendo, rodeado de bares repletos de futboleros impenitentes y con un concierto empezado hace más de cuarenta minutos. La solución es clara, o te vas a casa rumiando tu mala suerte o modificas tu agenda y decides asistir al concierto que comienza a las nueve y media. Ya metidos en harina, con el coche aparcado y con futbol + cañita en los bares hasta las nueve, la opción del trovador norteamericano toma forma.



Elliot Murphy es un animal de escenario, como el mismo comenta, se encuentra casi siempre de gira y no es difícil verle por estos lares. Vive en Paris desde hace más de veinte años, por lo que gira por el viejo continente más que por ningún otro sitio. Puede vérsele en solitario o acompañado por su compadre desde 1997, el virtuoso guitarrista Olivier Durand. Por cierto, en ese formato le podremos ver en el palacio Euskalduna el 17 de enero del próximo año, fecha confirmada. En esta ocasión venía con su banda habitual, los franceses The Normandy All Stars. En una sala casi llena, últimamente el concepto de lleno en el Kafe Antzokia está muy devaluado, comenzó el concierto sobre las diez menos cuarto de la noche. Ya desde sus primeros temas, pudimos comprobar como Murphy y sus secuaces estaban enchufadísimos y en una forma excelente. Sin duda el rubio de la gran manzana sabe como emocionar y entretener al respetable con un vasto y solido repertorio de sus casi 30 años de carrera. Si en el último post os comentaba que en el caso de Billy Bragg este bebía de las fuentes de The Clash más que de Dylan, para Elliot la cosa está clara, el de Minnesota es un espejo donde mirarse y una fuente de inspiración. Su voz incluso, cada vez mas más rota con el paso del tiempo, se va modulando y pareciendo poco a poco a la del judío converso. Es muy difícil detallar el setlist de un concierto de dos horas y media en el que en muchos momentos planean la improvisación y la complicidad con el público. Tan solo mencionar que no faltaron clásicos de la talla de Sonny, Green River, Pneumonia Alley, On Elvis Presley’s Birthday o Diamonds by the Yard, todos ellos interpretados magníficamente por la banda. A pesar de tratarse de un formato básico de rock, que tanto Olivier Durand y el propio Murphy tocasen durante todo el concierto con guitarras acústicas Taylor, le dio un carácter unplugged a todo el conjunto. Si bien es cierto que el hacha francés se electrificaba en muchos solos o cuando hacia slide. La banda, aparte de los dos citados, la componían Alan Fatras a la batería y Laurent Pardo al bajo y en dos temas intervino una chica de por estos lares, supongo que amiga de Murphy, a la que no tengo el gusto de conocer. Tras casi dos horas llegaron los bises, en los que Murphy interpretó varias canciones completamente desenchufado, apelando al silencio del público para hacerse escuchar, cosa difícil cuando hay gente que ni siquiera se calla con el volumen a tope, dando la sensación de que vienen a las actuaciones en directo para hacer vida social. Quizás esta última parte fue la más floja de la noche, quedando un poco forzada y deslavazada.



Lo cierto es que Murphy sobre un escenario se encuentra en su salsa. Su alma de poeta y trovador de club se encuentra cómoda en esta tesitura y sin duda su entusiasmo se trasmite al público. Así, me fui feliz a casa, los hados habían querido que asistiese a un gran concierto de música rock con raíces, de esas que germinaron dentro de mí hace mucho tiempo y que de vez en cuando necesitan ser regadas por músicos como Elliot Murphy.

viernes, 23 de octubre de 2009

Billy Bragg en el Euskalduna (Bilbao) "I Dreamed I Saw Billy Bragg Last Night"

Billy Bragg es uno de los folk singers europeos más reputados de los últimos veinticinco años. Desde su álbum debut Life’s A Riot With Spy Vs Spy ha venido desarrollando una carrera constante y fructífera. Ya desde sus comienzos, Bragg ha estado muy comprometido con el movimiento obrero y las políticas de izquierdas, recogiendo en sus propias palabras el espíritu rebelde y de conciencia social de Woody Guthrie o Pete Seeger. En la gira de presentación de su último álbum, titulado Mr. Love & Justice y editado en 2008, nos ha visitado por estas tierras ofreciéndonos un recital en Bilbao.
Nos congregamos en la sala A-1 del Palacio Euskalduna alrededor de 500 personas, para una capacidad de más de 600. No está mal para los tiempos que corren. Sin duda, la proliferación de artistas que giran en directo y la crisis en general, han provocado un descenso en la asistencia a espectáculos musicales. Los 11 euros de la entrada eran un buen reclamo para los que tienen que racionar su presupuesto. No sé si que las entradas tengan esos precios populares será por deseo del propio músico, ciertamente iría con su filosofía. En todo caso, es de agradecer que se pueda asistir a un concierto de un artista de nivel a esos precios. Como suele ser habitual en este recinto, Bragg salió a escena prácticamente a la hora programada, las ocho y media de la noche. Acompañado de su Fender Telecaster comenzó el show con To Have and To Have Not de su primer disco, un clásico cargado de energía punk y soflamas contra el sistema. Le siguieron Farm Boy, Greetings To The New Brunette, The Warmest Room y un largo etcétera hasta completar una hora y tres cuartos de concierto, alternando clásicos y nuevos temas, algunos de ellos en formato acústico. Por supuesto, no faltaron los monólogos entre canción y canción que ayudaban a acortar distancias y a hacer un mayor proselitismo de sus ideas si cabe. No faltaron comentarios a sus inicios en la música cuando apenas tenía 19 años, a la pertenecía desde muy joven a grupos de movimientos antifascistas, a la situación económica actual, cargando contra banqueros y dirigentes políticos o hablando con ironía sobre sus primos del otro lado del charco. La barrera idiomática pudo ser un obstáculo para los que no entendieran el inglés, pudiendo ser la causa de que el público se enfriase algo entre tema y tema. En todo caso, Bragg intentó hacerse entender alejándose de su acento cockney y procurando utilizar un vocabulario sencillo sin llegar a ser de Sesame Street. El show termino con su hit A New England, intentado que el público entonase el estribillo con más voluntad que acierto.


Este, fue en mi opinión, el paso del gran Billy Bragg por Bilbao, un cantautor (maldita palabra) que bebe más de la fuente de The Clash que de la de Bob Dylan y que con sus letras pretende ser un trovador comprometido como lo fueron Guthrie, Och o su bien amado Strummer. Un artista que intenta remover conciencias a base de buena música y actitud rockera, algo sin duda necesario en estos tiempos que corren.

martes, 20 de octubre de 2009

En aquel octubre del otoño de 1965...

El primero de octubre de 1965 Bob Dylan desveló los componentes de su nueva banda que actuaria junto a él en el Carnegie Hall de Nueva York. El músico una vez hubo terminado su set acústico regresó al escenario junto a Robbie Robertson a la guitarra, Garth Hudson en el órgano, Rick Danko al bajo, Richard Manuel en el piano y Levon Helm a la batería. Con esta formación comenzaría una gira histórica que les llevaría hasta 1966. El set list de ese concierto fue:

1. She Belongs to Me 2. To Ramona 3. Gates of Eden 4. Mr. Tambourine Man 5. Love Minus Zero/No Limit 6. Desolation Row 7. It's All Over Now, Baby Blue 8. Maggie's Farm 9. I Don't Believe You (She Acts Like We Never Have Met) 10. Can You Please Crawl Out Your Window? 11. Just Like Tom Thumb's Blues 12. Tombstone Blues 13. It Ain't Me, Babe 14. Positively 4th Street 15. Ballad Of A Thin Man 16. Like A Rolling Stone

Bob Dylan - To Ramona (Live 1965)




El grupo británico The Who grabó el día 13 en los estudios londinenses de Pye la canción My Generation. La canción la escribió el guitarrista de la banda Pete Townsend durante un viaje en tren hasta Southampton donde iban a participar en un show de la televisión. Townsend quería reflejar en ella la rabia y la frustración de la juventud inglesa de esos años. La versión definitiva se logró a la cuarta toma y se convertiría en uno de los mayores éxitos del grupo logrando el número dos de las listas británicas en diciembre del mismo año.

The Who - My Generation (1966)




El bajista Bill Black, conocido por participar en las grabaciones de los primeros éxitos de Elvis Presley y uno de los pioneros del Precision bass de Fender, murió el 21 de octubre en el hospital Baptist Memorial de la ciudad de Memphis. Black murió a la edad de 39 años a causa del cáncer.

Elvis Presley - Hound Dog (1956)




En ese mismo día Spencer Davis Group grabó en los estudios Pye el tema Keep On Running que a la postre alcanzaría el primer puesto de las listas británicas en enero del año siguiente. El corte lo produjo Chris Blackwell y el cantante jamaicano Jimmy Cliff formó parte de los coros. El tema estaba compuesto por el también jamaicano Jackie Edwards y se sostenía en una línea de bajo palpitante a cargo de Muff Windwood y la destacada voz de R&B de su hermano menor Steve.

Spencer Davis Group - Keep On Running (1966)

sábado, 17 de octubre de 2009

T-Bone Walker, el Bluesman con alma de jazz

La figura del guitarrista de blues siempre ha suscitado leyendas e historias en la imaginería popular norteamericana. La fama de pendencieros y buscavidas les ha acompañado por cada garito donde han actuado. Almas de carretera polvorienta y cruce de caminos, de los que se decía que podían vender su alma al diablo para alcanzar la fama y la maestría con la guitarra. También se les consideraba en la mayoría de los casos mujeriegos y bebedores impenitentes, y por esto más de uno tuvo que salir por piernas de algún tugurio alguna vez. Sin embargo, cuando abrían su gastada funda y sacaban su vieja guitarra la gente enmudecía para escuchar los blues que surgían de lo más profundo de su ser. El blues era el lamento de las almas atormentadas por el amor, o la voz que se alzaba contra una vida llena de miserias o el canto espiritual que les conectaba directamente con dios. Era una música que calaba hondo en la gente que se identificaba rápidamente con el mensaje. Así, a principios de los años veinte y con el empuje de las compañías discográficas, emergió el blues como género aunque englobado en lo que entonces se denominó música racial. A partir de entonces y hasta la fecha, ha evolucionado a través de fusiones con otros géneros y la aparición de nuevos estilos, hasta convertirse en una de las músicas más influyentes. Es innumerable la cantidad de artistas importantes que han tocado o simplemente compuesto canciones de blues. Y uno de los más importantes y quizás también uno de los más injustamente olvidados es el músico tejano T-Bone Walker.



Aaron Thibeaux Walker nació en Linden, Texas, el 28 de mayo de 1910. Fue el único hijo de una familia afroamericana que, huyendo de la miseria, tuvo que emigrar dos años después del nacimiento del vástago a la ciudad de Dallas. En las calles de esta ciudad T-Bone conoció al que se convertiría en su mentor y Pigmalión musical, el gran Blind Lemon Jefferson. Siendo muy joven, aprendió todos los secretos de la guitarra haciendo de lazarillo para el padre del blues en Texas. Cuando apenas era un adolescente, pudo conseguir la suya propia y comenzó a actuar en cualquier esquina de la ciudad por un puñado de monedas. De ahí paso a actuar por diversos locales como acompañante de artistas de Dallas, hasta que en 1929 debutó grabando un single de la mano del sello Columbia con el nombre de Oak Cliff T-Bone. Como puede apreciarse, T-Bone es una corrupción fonética de su apellido Thibeaux, demasiado complicado de leer pensaría. Después de esto, T-Bone emigró a la ciudad de Los Ángeles en 1934. En la dorada California se estableció como artista residente en el club Little Harlem, formando una pequeña banda que le acompañaría en cada show. De esta forma, graba algunos sencillos y comienza a girar por todo el país, actuando en la meca del blues, Chicago, y en la meca de todo, Nueva York, a finales de los años treinta. De regreso en Los Ángeles, graba discos con importantes bandas de jazz y swing, reforma su propia banda y empieza a tocar por los clubes white-only más importantes de Hollywood. Aquí se empieza a fraguar la importancia que T-Bone tiene para la evolución de la guitarra en el blues. Este, empieza a aportar fraseos y riffs propios del jazz a sus composiciones blues, lo que le abre enormemente el abanico de posibilidades que tiene su instrumento. En septiembre de 1946, T-Bone firma un contrato en exclusiva con el sello Black & White. Junto al productor Ralph Bass graba en 15 meses 49 temas de donde saldrán sus mayores éxitos. Entre ellos, joyas del género como Call It Stormy Monday o T-Bone Shuffle que convierten a T-Bone en el músico de blues más influyente de esa época. En esta colección de canciones se siembra la semilla que florecerá en las generaciones de guitarristas de blues y rock venideras. Así los riffs de T-Bone se reflejarán en los futuros de trabajos de B.B King, Buddy Guy, Chuck Berry, Albert Collins, Albert King o el mismísimo Hendrix. La innovación de T-Bone no se queda solo en el estudio, sino que se convierte en toda una atracción sobre el escenario, tocando en posturas imposibles, realizando acrobacias con el instrumento o realizando fraseos con la guitarra por detrás de su cabeza. En la primavera de 1950 firma un nuevo contrato discográfico, en este caso con Imperial Records, donde grabara otros 52 temas en los siguientes cuatro años. A pesar de tratarse de canciones excelentes, no consigue alcanzar el éxito logrado en los años precedentes. En 1955 ficha por Atlantic y continua grabando discos y girando por todo el país, atesorando una gran calidad compositiva aunque siguiendo alejado del éxito. Se vuelve a establecer definitivamente en Los Ángeles y en 1962 cruza el charco para actuar en Europa con el American Folk Blues Festival. Así se convierte en una estrella internacional, logrando tener un circuito de actuaciones estable por Europa. En esos años graba como freelance para diversos sellos de distintos países, llegando incluso a ganar un Grammy en 1970 por su álbum Good Feelin' editado por el sello Polydor. Su mala salud también le acompaña en esos últimos años, hasta que el 16 de marzo de 1975 fallece a causa de una neumonía a la edad de 64 años.



T-Bone Walker pertenece a esa estirpe de bluesmen que cruzaron el país coast to coast desplegando la magia de su guitarra. Un artista que creó un estilo que fue la mecha de la explosión del blues de la postguerra. Un músico versátil e inteligente que desarrolló la guitarra eléctrica hasta cotas que jamás se habían conocido. El maestro Freddie King comentaría años después en una entrevista, que creía que todo el blues moderno tenía su origen del trabajo realizado por T-Bone Walker y que al comentárselo en una ocasión a B.B. King este le respondió que él también pensaba lo mismo. No estaría de más el descubrir el crossroads en el que T-Bone Walker descansó encima de la funda de su guitarra, mientras esperaba el paso de la fortuna en un Buick de color negro.


Call It Stormy Monday


T-Bone Shuffle


Too Much Trouble Blues


Midnight Blues


I Got The Blues

jueves, 15 de octubre de 2009

Déjame Entrar (Let the Right One In, 2008), vampiros de sangre fría

El género del vampirismo en el cine ha vuelto a resurgir en los últimos años de la mano de la saga para adolescentes Crepúsculo. A pesar de que comercialmente suele ser un estilo atractivo para los productores, las películas de esta temática aparecen y desaparecen de las carteleras dependiendo de las modas, de sagas literarias como es el caso anterior o por cualquier otra causa. El universo vampírico es rico y variado, por lo que siempre ha sido del agrado del buen aficionado al cine de terror, aunque de un tiempo a esta parte, en estos filmes tan solo se suelen explotar aspectos como el sexo, la acción pura o la casquería. Sin embargo, desde la fría Suecia nos llega una pequeña joya que, sin obviar ningún de los clichés que lo han hecho grande, reinventa este género de una manera inteligente y sutil.
Tomas Alfredson con su filme Déjame entrar (Let the Right One In) de 2008, nos propone una revisitación del mito vampírico ambientada en un suburbio de una ciudad sueca a principios de los años ochenta. La trama gira en torno a Oskar, un niño introvertido de doce años que continuamente es objeto de burlas y agresiones por parte de algunos de sus compañeros de clase. Esto va provocando en él un sentimiento de odio y frustración que le hace aislarse de los demás. Una noche conoce en un parque a una niña solitaria y extraña, con la que va a entablar una relación muy especial.



Basada en la novela del mismo título del escritor John Ajvide Lindqvist, quien realiza también la adaptación al cine, la película de Alfredson nos muestra mediante una historia de amistad preadolescente, casi todas los mitos del vampirismo. Empezando por su propio título, en referencia al hecho de que un vampiro no puede entrar en una casa sin ser invitado, en la cinta no faltan ni las trepadas imposibles por las paredes, ni la fuerza sobrenatural de estos seres, ni la voracidad que sienten por la sangre humana o la animadversión que tienen por la luz solar. Sin embargo, todas estas características aparecen integradas en la trama con una naturalidad y un buen gusto realmente sorprendentes. La amistad que se va fraguando entre los dos niños es el leitmotiv del filme. Una relación que comienza por la propia necesidad que tienen ambos de relacionarse con alguien sin sentirse rechazados. Solo son capaces de salir a la calle cuando el resto de la sociedad se recoge en sus casas, en un parque vacio cuando ya ha caído la noche. El paisaje gélido del invierno sueco no hace más que resaltar la soledad de ambos protagonistas, además de ser un elemento narrativo importante en la sucesión de los hechos. Es especialmente destacable que tanto los elementos dramáticos, como los propios de del cine de terror y suspense están perfectamente ponderados dentro del filme. Todas la escenas están rodadas con suma delicadeza por parte de Alfredson, incluso en los momentos más crueles o violentos. Sin ensañarse con planos cortos, tan habituales en el cine actual, que en vez de dinamizar la acción no hacen sino aturdir al espectador. La actuación de ambos niños sin duda destaca por su sobriedad y contención, lo que es un claro punto a favor del director y su dirección de actores. La música es acorde al tono minimalista de todo el filme, donde apenas se hace énfasis en los crímenes que en él se cometen.



Déjame entrar es un acercamiento novedoso y excitante al mito vampírico, saliéndose de los cánones habituales y proporcionando al espectador un plus de romanticismo y calidad dramática, ausente en la mayor parte de los filmes de este género. El hecho de que Alfredson declarase que en un principio no le interesaban los filmes de este género, sin duda le ha ayudado a realizar un filme que sin renunciar a sus propias características, huye de los convencionalismos al uso. Todo esto sitúa a Déjame entrar como, no solo una de las mejores películas de terror de los últimos tiempos, sino como una de las mejores cintas de este año. Si consigues entrar, te cautivará.


*Déjame entrar (Let the Right One In, 2008) - Tráiler español

martes, 13 de octubre de 2009

Guitarra con MAYÚSCULAS


Mi amigo Blogero TSI-NA-PAH ha confeccionado una extensa y maravillosa lista de los que él considera como los mejores momentos de la guitarra en la música moderna. En realidad esta idea nació de un artículo realizado por el no menos amigo y compañero El Rey Lagarto. Toda esa selección que ha realizado me parece perfecta y estupenda, aunque siempre se quedan grandes temas y músicos en el tintero. Pero realmente tengo la necesidad de hacer este pequeño post sobre uno de los instrumentos que más me apasionan. Tengo pensado hacer algo más extenso y con otra perspectiva pero eso será en otro momento. Por lo tanto pospondremos el artículo que tenía para hoy y os mostrare cinco momentos que me resultan maravillosos de la guitarra en la música. Esta pequeña selección la confecciono sin incluir los estilos del rock ni del jazz, ya que esos géneros ya los tratamos a diario en esta comunidad blogera.
Que los disfrutéis...


Paco de Lucia - Entre Dos Aguas desde TVE (1976)



Atahualpa Yupanqui (1988)from TV



Baden Powell - Samba Triste Recorded in Berlin (west) in October 1967 at the Philharmonie (name of the festival was Berliner Jazztage)



Vinicius De Moraes and Toquinho - Medley from italian TV in 1972


Rodrigo y Gabriela - Diablo Rojo

domingo, 11 de octubre de 2009

¿Dónde estabas tú en…? Octubre de 1980

El primer día de octubre Paul Simon estrenó su película semi-autobiográfica One-Trick Pony alcanzando un moderado éxito en la taquilla a pesar de que se estrena por los cines de todo el país. En el filme realizan breves apariciones los miembros del grupo B-52’s, Lou Reed y unos renacidos Lovin’ Spoonful.

One-Trick Pony - Paul Simon Live from Philadelphia, 1980.




El día 3 de ese mismo mes comenzó en el Crisler Arena de universidad de Michigan, el tour de promoción del nuevo disco de Bruce Springsteen titulado The River. La canción que abrió el espectáculo fue Born To Run, siendo esto la primera vez que ocurría. El siguiente tema fue Thunder Road, un gran éxito del boss al que se unió la estrella local Bob Seger para interpretarla. Este disco de Springsteen se convertiría en su primer número uno en USA, siendo aclamado también por la crítica especializada.

Bruce Springsteen - Born To Run, Capital Center Landover,MD November 24th 1980




Los componentes de Fleetwood Mac Lindsey Buckingham, Stevie Nicks y Mick Fleetwood presentaron el 4 de octubre en el Dodgers Stadium de california a la University of Southern California Trojan Marching Band durante el medio tiempo de un partido. Esta banda había colaborado con el grupo en el tema Tusk que había alcanzado el octavo puesto en las listas y el disco homónimo había conseguido el doble platino.

Fleetwood Mac - Tusk (1980)




También ese mismo día la banda inglesa Queen logra el numero uno de las listas americanas con el tema Another One Bites the Dust. Este tema está fuertemente inspirado, sobre todo en la base del bajo, por la canción Good Times del grupo de funk Chic. Se da la circunstancia de que el bajista de Queen pasó un tiempo en el estudio junto la banda neoyorkina mientras estaban grabando su próximo disco. Este sería el segundo numero uno de la banda en ese año, el primero lo lograron con el tema Crazy Little Thing Called Love y ambos pertenecían al álbum The Game.

Queen - Another One Bites The Dust Live from Montreal in November 1981


Chic - Good Times (1979)




El 6 de noviembre fue arrestado John Lydon más conocido como Johnny Rotten, antiguo cantante de los Sex Pistols, en Dublín. El suceso se produjo por una reyerta ocurrida en un pub de la capital irlandesa en el que Lydon asaltó y agredió a varios individuos. Fue sentenciado a 3 meses de cárcel por conducta desordenada pero sin embargo finalmente fue absuelto después de la apelación.

Public Image Ltd. with John Lydon - Careering & Poptones in USA TV (1980)




El 9 de octubre John Lennon cumplió 40 años de edad. A modo de celebración grabó ese mismo día la canción (Just Like) Starting Over, que saldría como single el 24 de este mismo mes. Dos semanas después este tema se convertiría en el primer número uno del artista en cinco años. También fue el primer single del álbum Double Fantasy y el único que conocería el artista ya que fue asesinado a tiros el 9 de diciembre de ese mismo año.

John Lennon - Starting Over (1980)




Finalmente el día 27 murió en Londres el miembro fundador junto a Marc Bolan de la banda Tyrannosaurus Rex, Steve Peregrin Took. El músico se asfixió con una cereza de cocktail mientras estaba en su casa consumiendo morfina y setas alucinógenas. Peregrin tenía tan solo 31 años.

Tyrannosaurus Rex - The Travelling Tragition from the album Prophets, Seers & Sages: The Angels of the Ages in 1968

jueves, 8 de octubre de 2009

Odetta, La reina del Folklore americano

Este pasado fin de semana nos enteramos del fallecimiento de la cantante argentina Mercedes Sosa. La negra Sosa como se la conocía popularmente pertenecía a ese grupo de hombres y mujeres que pusieron su talento y su arte al servicio de los más desfavorecidos. Soportaron las persecuciones políticas y policiales tan solo por pensar distinto y expresarlo con su música. El poder que poseían residía en la capacidad que tienen las canciones para despertar, unir y hacer levantarse a los más desfavorecidos de la sociedad. Se considera a la chilena Violeta Parra el germen de la música popular sudamericana moderna y el espejo en el que alguna vez se miraron la mencionada Mercedes Sosa, Víctor Jara, Daniel Viglietti, Elis Regina, Silvio Rodríguez, Serrat o en los Estados Unidos Joan Báez. Otra de las grandes influencias que tuvo Joan Baez dentro de su propio país, fue la artista afroamericana Odetta Holmes.
Odetta Holmes, conocida en el mundo de la música como Odetta a secas, nació en el estado de Alabama en 1930. Habiendo perdido al padre cuando Odetta era niña, la familia Holmes emigró a la dorada California huyendo de la miseria que inundaba el sur de los Estados Unidos en aquellos años de la depresión. Su adolescencia la pasó trabajando como empleada del hogar en la ciudad de Los Ángeles y estudiando canto clásico en Los Ángeles City College. Ya desde pequeña Odetta poseía una voz prodigiosa, por lo que su madre con gran sacrificio le iba pagando sus clases de canto y guitarra. Cuando tenía 19 años consiguió un papel en un musical que se representaba en el teatro Greek de Los Ángeles. De esta forma Odetta entró en el mundo del espectáculo, quedando impresionada cuando en esa obra conoce el blues a través de la armónica de Sonny Terry. Al año siguiente, llega a la ciudad de San Francisco de la mano de una compañía de teatro en la que estaba trabajando. En aquellos años, San Francisco tenía una importante escena folk en North Beach y Odetta entra en contacto con ella, contagiándose de su sonido y absorbiendo el estilo. Tras esta experiencia, regresa a Los Ángeles y va alternando las actuaciones en el teatro con sus trabajos en el servicio doméstico. Pero es en el año 1953 cuando decide intentar hacer carrera musical, por lo que hace la maleta y se planta en Nueva York para intentarlo en la importante escena folk de la ciudad. Allí conoce a Pete Seeger y Harry Belafonte, que rápidamente descubren las posibilidades vocales y expresivas de Odetta para la música. Empieza a alternar sus actuaciones tanto en clubes de la gran manzana como en San Francisco. Su debut discográfico no se hace esperar demasiado y en 1954 graba su primer álbum titulado The Tin Angel. Este disco lo realiza mano a mano con el músico Larry Mohr y se trata de una colección de canciones tradicionales del folklore americano, espirituales y blues que están en parte grabadas en directo desde el club Tin Angel de San Francisco. A partir de este momento, se dedico a explorar todas las ramas de la música popular americana, aportando su versatil voz capaz de abarcar diversas tesituras. A partir de este momento su popularidad subió como la espuma en la escena folk de todo el país, estando este estilo en plena pujanza.. Así, en los años sesenta labra su fructífera carrera musical, sacando hasta 16 álbumes en esa década. Además se destaca como defensora acérrima de los derechos civiles de los ciudadanos afroamericanos, llegando a participar, cantando desde la primera línea el himno O Freedom, en la marcha hacia Washington organizada por Martin Luther King en 1963. Durante todos esos años hasta su muerte en el año 2008, ha sido considerada una figura clave en el devenir de la historia reciente del folklore norteamericano. Joan Báez, Bob Dylan, Fred Neil o Karen Dalton la tomaron como referencia para lo que sería la explosión del folk de principios de los años sesenta. Grabó decenas de estupendos disco, cantó todos los estilos de la música tradicional y del jazz, recibió medallas y distinciones de las más prestigiosas universidades, fue condecorada por el presidente Clinton con la medalla de oro de las artes y así una multitud de honores más hasta que su enorme corazón dijo basta en diciembre del año pasado. Aunque hubo un sueño que Odetta no pudo cumplir, cantar en la toma del cargo de presidente de Barak Obama, el primer presidente perteneciente a la raza por la que tanto luchó.


Old Cotton Fields At Home from the album The Tin Angel (1954)


Paths Of Victory from the album Odetta Sings of Many Things (1964)


Water Boy from the film No Direction Home, in a TV performance from the 1960s


Black Woman & Shame And Scandal In The Family on The Johnny Cash Show, August 30, 1969

martes, 6 de octubre de 2009

Tripsichord Music Box, un viaje por el Frisco Sound

A mediados de los años sesenta la ciudad de San Francisco hervía con los movimientos contraculturales que allí se estaban gestando. La urbe se convertía en el lugar de peregrinación de miles de jóvenes atraídos por el amor libre, las drogas y la música. En Haight-Ashbury se aglutinaban estas tendencias convirtiendo a este barrio en el foco de la vida bohemia de la ciudad. Se empezaba a crear allí una comunidad floreciente en ideas y propuestas que ponían en entredicho los valores tradicionales de la sociedad. En este caldo de cultivo nacían bandas que experimentaban con nuevos sonidos, algunos claramente influenciados por drogas como el LSD, que todavía era legal en esa época. Las influencias musicales de estos músicos eran el folk y el blues, pero a su vez también absorbían el influjo de la British Invasion y de otras músicas. Toda esta mezcla de psicodelia, drogas y rock desembocó en un sonido distinto y claramente identificable, el rock psicodélico de San Francisco o el acid rock. Los mayores exponentes de este sonido fueron bandas como Big Brother And The Holding Company, Jefferson Airplane, Quicksilver Messenger Service, The Charlatans, The Grateful Dead o Moby Grape. Pero hubo otros artistas que también formaron parte de esta corriente y que realizaron buenos trabajos aunque sin embargo quedaron en el olvido del gran público. La banda californiana Tripsichord Music Box fue uno de ellos.


Tripsichord Music Box se formó en el año 1965 en el área de la ciudad de Santa Barbara. La formación original de la banda la componían Tony McGuire haciendo las voces y a la guitarra, Frank Straight al bajo, Oliver McKinney como teclista y Randy Guzman a la batería. La llamada a filas de McGuire y su traslado a la guerra del Vietnam provocó la entrada de David Zandonatti en el grupo para ocupar la plaza dejada por este. En un primer momento se hicieron llamar The Ban, posteriormente y tras mudarse a Los Ángeles cambiaron el nombre por Now y finalmente tras peregrinar a la ciudad de San Francisco en 1967 pasaron a denominarse Tripsichord Music Box. En sus primeros pasos eran una banda de garage, de las muchas que existían por aquellos años y consiguieron sacar un par de singles antes de irse a San Francisco. Al llegar a allí, contactaron con el manager y productor Matthew Katz, descubridor e impulsor de bandas como Jefferson Airplane, It's A Beautiful Day o Moby Grape, y firmaron un contrato con su sello discográfico llamado San Francisco Sound Label. Con este sello grabaron unos cuantos temas que aparecerían como singles o formando parte de recopilaciones del propio sello. Tras la pérdida sufrida por el sello con la marcha de Moby Grape o It's A Beautiful Day a multinacionales de Los Ángeles, Matthew Katz intentó promocionar la carrera de Tripsichord Music Box con mayor fuerza. Incluso llegaron a actuar con el nombre de Moby Grape por un tiempo, ya que Katz se había apropiado de él en una disputa con sus ex protegidos. Por esta circunstancia, la banda entró en crisis, lo que provocó la salida del teclista Oliver McKinney. Esta baja fue sustituida por el guitarra Bill Carr y se añadió un nuevo componente, el vocalista Ron McNeeley. Al poco tiempo retomaron su nombre original, aunque acortándolo hasta dejarlo solamente en Tripsichord. En 1969 entraron de nuevo al estudio para grabar lo que sería su primer y único álbum titulado igualmente Tripsichord. En este disco pusieron de manifiesto sus buenas dotes como músicos, con improvisaciones lisérgicas al más puro estilo de San Francisco. El sonido del álbum recuerda a Moby Grape, a Grateful Dead o incluso se asemeja a Jefferson Airplane cuando una voz femenina aparece en algún corte. Como no podía ser de otra forma, este es un trabajo claramente influenciado por el folk aunque este haya pasado por el tamiz de la amplificación y la distorsión para crear así las atmósferas tan propias de este estilo. Como punto reseñable, también se puede comentar el diseño de la portada, basado en los cuentos de hadas con referencias a la obra del pintor modernista y simbolista Gustave Klimt y a los ilustradores de los años 20. La falta de visión de Katz o la mala fortuna provocó que el disco no se editase hasta el año 1970. Un trabajo de estas características en esa fecha no era más que un anacronismo en una época en la que las modas y los estilos se trasformaban continuamente. Como suele ser habitual en estos casos, en la banda cundió el desencanto y ese mismo año se separaron. Al año siguiente, se volvió a editar el álbum con el sello Janus Records donde se añadieron, a los nueve temas originales, algunos singles como bonus tracks. Como curiosidad destacar que Zandonatti y McNeeley se mudaron a Utah y entraron a formar parte de un importante grupo musical mormón.


La música oscura y lírica de Tripsichord Music Box nos recuerda a los ecos provenientes de aquel verano del amor de mediados de los sesenta. Aunque este conjunto ha permanecido oculto para el gran público y su música tan solo ha sido degustada por los más intrépidos coleccionistas, son el reflejo perfecto de una época que cuestionaba el sistema de valores de la sociedad y promulgaba un cambio radical en ella. Tras el mayo del 68, la alegría y el entusiasmo se tornaron en tristeza y desencanto, pero eso ya es otra historia.

*Si te ha gustado este disco, lo puedes descargar en este link:
Tripsichord Music Box 1971



On The Last Ride (1970) Track 1


We Have Passed Away (1970) Track 2


The New Word (1970) Track 4


You're The Woman (1969) Track 10 [Bonus]


Times & Seasons (1968) Track 13 [Bonus]


The Ban - Bye Bye Taken from a single of 1965
 
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