lunes, 30 de noviembre de 2009

Kit de supervivencia emocional: la parka, la Lambretta y unas azules

Hace unos días os hablaba de una película francesa que me había parecido estupenda, titulada El Primer Día Del Resto De Tu Vida (Le Premier Jour Du Reste De Ta Vie, 2008). El filme hacía hincapié en esos hechos puntuales que ocurren en la vida de uno y que suponen un punto de inflexión en la misma. El que más o el que menos ha tenido, de acuerdo con su experiencia vital, determinados momentos en los que su vida ha sufrido un cambio radical o ha tomado un camino no previsto. Como sabréis bien los que de vez en cuando visitáis este blog, aquí trato temas relacionados con la música, el cine o los libros que me gustan, no se trata ni de un diario personal ni de un escaparate donde reflejar mis reflexiones íntimas. Sin embargo, a veces es difícil hablar de ciertos artistas sin añadir vivencias personales, ya que estos son en cierta forma culpables de lo que fui, de lo que soy y posiblemente de lo que seré. Eso es lo que me ocurre cuando me enfrento a un papel en blanco y pretendo escribir algo sobre The Who, un grupo que ha conformado la banda sonora de mi vida en los cruciales momentos en los que un muchacho se quiere convertir en un hombre.



Aquel curso del 88 supuso algo más que intentar acabar el bachillerato en un pueblo obrero de Bizkaia. Aquel curso supuso adentrarme a través de The Who en uno de los movimientos culturales más importantes del pasado siglo, el rock and roll. Para ser sincero, he de decir que no descubrí la música rock con The Who, tan solo creía que lo único que había que descubrir en ese estilo era quién estaba esa semana de número uno en los cuarenta principales o si los Dire Straits habían sacado nuevo disco. Devoraba los discos grabados en cinta de Mike Oldfield y Pink Floyd que me dejaba un primo mayor que yo y pensaba que los U2 estaban a la vanguardia de todo. Lo cierto, es que en mi casa no hubo nunca una cultura rockera, más bien todo lo contrario, y tampoco tuve hermanos mayores que me guiaran por “el buen camino”. Lo más transgresivo que hacía era escuchar en la mini cadena portátil de “Po” un batiburrillo de Chichos, Rap, Disco, Kortatu o la Polla Records cuando estábamos en los soportales de mi barrio. Pero aquel curso apareció mi ángel de la guarda musical en forma de tripitidor, sentado al fondo de la clase y vestido con una hermosa chaqueta tres cuartos verde. La atracción que tuve desde el principio por aquella figura fue tremenda. No solo por el hecho de ser dos años mayor que yo, que en esas edades parece un mundo, o por tener cierto aire de superioridad sobre el resto. Aquella forma de vestir - Levi’s 501, camisa abrochada hasta el último botón, botines y sobre todo aquella chupa de militar - era algo que nunca había visto en aquel instituto. Incluso aquel archivador - estampado con fotos de grupos desconocidos para mí - me intrigaba sobremanera. No eran los grupos punk o heavies al uso, o los grandes iconos del, como se le denomina ahora, hype de la época. No tardé mucho en ir cambiándome de sitio en clase y acercarme poco a poco a David, que así se llamaba el tipo en cuestión. En cuanto tuve la ocasión empecé a conversar con él, primero tímidamente, ya sabéis cosas de clase, que si fulanito tal, que si menganito cual. Sin embargo, en cuanto se me presentó la ocasión le empecé a preguntar por aquellos afiches desconocidos que paseaba con orgullo por los pasillos. Aquí fue donde el tipo se soltó conmigo, con un deseo irrefrenable de darme a conocer todo aquel universo al que estaba adscrito. Así nació para mí la palabra mod, una tribu urbana que reivindicaba la cultura pop de los años sesenta a través de la música, la moda y el arte. Pero para David tan solo era el deseo de formar parte de un colectivo, de algo que remarcara su individualidad y canalizara toda la energía inconformista que bullía en su interior. Todas esas historias de grupos de jóvenes que se peleaban en las playas de Brighton, esas bandas que actuaban en clubs como Marquee y las Lambrettas entraron a formar parte de mi imaginería personal. Para mí los mods significaban la lucha de la juventud de la clase trabajadora por demostrar que ellos también podían ser los mejor vestidos, los que escuchaban la mejor música y los que más se divertían en una sociedad tan clasista como la inglesa de los años sesenta. Una juventud llena de frustraciones, de clichés impuestos que asfixiaban como un corsé y que buscaban el hedonismo sobre todas las cosas. Si bien era el modern jazz o el r&b la música oficial del movimiento, eran grupos como The Who, Small Faces, The Creation o The Kinks los que expresaban mejor que nadie esa ira, ejerciendo como válvula de escape de toda aquella rabia. A partir de aquel momento me sumergí en la cultura rock de los años sesenta y me preocupé en buscar más allá de lo que nos mostraban las radio fórmulas y los medios de comunicación estándar. Aquí nació mi amor profundo y sincero por el rock and roll. Un amor lleno de evoluciones y contradicciones, pero amor al fin y al cabo.



Lo que comenzó siendo un post sobre los Who ha terminado siendo un pequeño homenaje al grupo que me abrió las puertas del universo del rock. Un pequeño recordatorio a la chispa que hizo estallar los muros de mi propio conocimiento musical. Ese fue mi punto de inflexión en aquel curso del 88. A partir de aquel momento, la música rock ha corrido por mis venas como la anfetamina lo hizo por las venas de aquellos jóvenes allá por el 64.







viernes, 27 de noviembre de 2009

Lady Dottie & The Diamond + Lord Bishop en el centro cultural de Antza, Donostia

Querría en este post terminar la crónica del último concierto al que asistí la semana pasada, el de Lady Dottie & The Diamonds junto con Lord Bishop de telonero. Lo cierto es que Lady Dottie & The Diamonds acaban de terminar su gira por España rodeados de una gran expectación y me gustaría aportar mi granito de arena sobre lo que vi ese día. Lady Dottie es una mujer negra de 66 años que no es una nobel en el mundo de la música. Desde muy pequeña fue una vigorosa cantante de góspel en su Alabama natal y continuó una carrera musical como corista con artistas como Kool and the Gang, The Rolling Stones, Muddy Waters, Ray Charles, Chuck Berry, Ike & Tina Turner, Little Richard, Sam Cooke o AC/DC. Desde el 2008 su carrera ha vuelto a cobrar un protagonismo inusitado debido a un grupo de jovenzuelos de San Diego que la han adoptado para su combo de Blues, Soul y R&B. Como bolo final de despedida por Europa se presentaban en el Centro Cultural Altza de Donostia. Junto con ellos actuaba Lord Bishop, un rockero de la gran manzana aficionado al blues rock, la psicodelia y el sexo, todo a partes iguales. Con unos precios populares, siete euros en taquilla y cinco anticipada, y con semejante cartel nos decidimos a abandonar por unas horas nuestra Bizkaia maitea para salvar los algo más de cien kilómetros que nos separaban de la sala del barrio de Altza. No fue nada fácil encontrar el lugar exacto de la sala, yendo por un galimatías de calles y preguntando a algún transeúnte conseguimos llegar con más fortuna de la esperada. Nunca había estado en este recinto y lo cierto es que me lleve una grata sorpresa. Parece que el ayuntamiento se pone las pilas en cuanto a la equipación de los espacios culturales que se hayan diseminados por toda la ciudad. Había estado hace un tiempo en otro garito parecido, pero esa vez en el barrio de Eguia, viendo a Devendra Banhart y mi impresión volvió a ser excelente. Se trata de una sala bastante grande, con techos altos y perfectamente preparada tanto para acoger conciertos como obras de teatro etc. Había también una pequeña barra con bebidas a precios casi de supermercado y algún bocadillo que echarse al diente.



En primer lugar salió como era de esperar el rockero de Nueva York Lord Bishop. En forma de power trío empezaron a descargar sus efluvios hard rockeros, con tintes psicodélicos al todavía escaso personal que allí se encontraba. La música de la terna sonaba a Hendrix por los cuatro costados y a todo ese blues rock proveniente de finales de los sesenta a principios de los setenta. En un show de una hora y cuarto, Lord Bishop nos proporcionó momentos interesantes junto con otros menos inspirados. La base rítmica del trío estuvo bastante bien de hecho, pero ni la voz de Lord Bishop ni su forma de tocar las seis cuerdas me emocionaron demasiado, si acaso un leve golpeteo del pie sobre el suelo a ritmo de la música con acompañamiento de cuello y cabeza asintiendo de manera tímida. Incluso he decir que se me hizo un poco largo el bolo, la incapacidad de afinar en condiciones sus guitarras sin tener que meterse en el backstage incluso me exasperaron un poco. Lo mejor fue quizás el entusiasmo que derrochaba este gigantón de dos metros y ciento no sé cuantos kilos. Se movía con bastante agilidad sobre el escenario, saltando de forma compulsiva cuando entraba en trance rockero. A veces me recordaba en su graciosa arrogancia y en su sentido del espectáculo a Mario Van Peebles en el Sargento de Hierro, aquel padrino del blues, rey del rock, cuñado del soul, hermano del funky y no sé cuantos títulos más. Un concierto curioso y entretenido a ratos, que calentó al personal con su entusiasmo.



Lo de Lady Dottie & The Diamonds fue harina de otro costal. En cuanto salieron al escenario y comenzaron su primer tema sabíamos que algo bueno se iba a cocer en aquella sala. A pesar de comenzar con un sonido mejorable, la banda sonó compactada y contundente, sin confundir los decibelios y la distorsión con la caña rockera. En estos conciertos de bajo presupuesto en el que se monta el escenario de cero y no hay pruebas de sonido, las primeras canciones suelen ser las que sufren las correcciones de sonido pertinentes, por lo que según el show fue avanzando la banda sonó cada vez mejor. La voz de Miss Dottie pareció en buena forma y si bien no está para muchas piruetas sobre el escenario, parece que le queda cuerda para rato. En su repertorio se mezclan los clásicos del blues, soul y r&b con las composiciones propias, sonando todos a la vieja usanza, como a los buenos aficionados al género les gusta. Sin duda hubo un punto de inflexión dentro del show y este fue cuando aparecieron a mitad de concierto los problemas de sonido con la guitarra de Nathan Beale. Estaba usando una Telecaster amarilla con un amplificador Fender de los antiguos y lo cierto es que apenas se le oía. Ni siquiera en los solos, donde Beale demostró que se trataba de un hacha excelente, la guitarra sobresalía demasiado del resto. Al final el amplificador dijo basta y se lo sustituyeron por el que usó Lord Bishop, un cabezal Orange con pantalla de la misma marca inglesa que sonaba como un autentico cañón. A partir de este momento Nathan se empezó a sentir más cómodo y el show aumento considerablemente su número de quilates. Es innegable que la banda se batió el cobre sobre el escenario, ofreciéndonos, envueltos en sudor, una colección de clásicos del rock y del r&b que hizo las delicias de los allí presentes. No hace falta ni siquiera poner un setlist de lo que allí sonó, tan solo deciros que Lady Dottie & The Diamonds son una máquina de hacer buena música en directo. Quisiera mencionar que aparte de Miss Dottie y Beale, actuaron Stephen Rey al bajo, Richard "T-Bone" Larson a la batería y un excelente Joey Guevara al piano. Después de asistir a bolos como este dan ganas de cantar aquello que decían los Who:

Long live rock, I need it every night, Long live rock, come on and join the line, Long live rock, be it dead or alive


miércoles, 25 de noviembre de 2009

Tito And Tarántula + Las Culebras desde el Rockstar Baracaldo

Humberto Lorenzo Rodríguez Larriva, más conocido como Tito Larriva es un trotamundos nacido en Ciudad Juárez que formó parte del apogeo del movimiento punk que se gestó entre bandas chicanas de la ciudad de L.A a principios de los años ochenta. Aquel sonido influyó enormemente en gran parte del hard rock angelino que tan fructífero fue a finales de esa década y en la siguiente. Formó bandas seminales como The Plugz o The Cruzados que lograron cierto estatus en la escena local. Pero sin duda, fue la participación en diversos filmes, tanto en la aportación de canciones para la banda sonora como en algunos cameos, lo que dio a Tito Larriva la mayor repercusión. Después de participar en películas como El recuperador (Repo Man, 1984) o De Profesión: Duro (Road House, 1989), en 1992 formó el combo Tito And Tarántula y empezó a colaborar con el director de cine Robert Rodríguez. El culmen de esta relación se dio en el filme Abierto Hasta el Amanecer (From Dusk Till Dawn, 1995) que obtuvo un enorme éxito comercial. Hasta la actualidad Tito And Tarántula han tenido una carrera bastante regular, sacando discos cada cierto tiempo y colaborando en diversos proyectos cinematográficos. El pasado viernes día 20 actuaron en la sala del Megapark de Baracaldo, Rockstar.
Como teloneros de la noche actuaron el grupo pamplonés conformado solo por chicas, Las Culebras. Esta banda sacó su primer disco en el 2007 después de ganar un premio en el certamen villa de Bilbao. Posteriormente actuaron en el Azkena Rock del 2008. Denotan claramente una deuda a grupos como Kiss, MC5 o los Ramones, pero lejos de ser una mera copia de sus iconos, intentan buscar su propio estilo. Muestran una buena actitud rockera y parece que tienen las cosas claras, algo importante en esto de la música. Sin duda el rock en este país necesita un buen grupo de chicas que aporte contundencia y vigor, sin necesidad de usar la testosterona. Sobre las 9 de la noche salieron a escena las cuatro culebras desplegando, sobre el escaso público que se encontraba aún en la sala, buenas dosis de rock, hard y punk. Fueron 45 minutos que, aunque comenzaron dubitativos, fueron mejorando según iban transcurriendo los temas. Fue un acicate también la llegada de su grupo de amigos ya comenzada la actuación. Esto provocó que las culebras saliesen de su letargo inicial y mostraran sus armas al completo. No estuvo nada mal este bolo como calentamiento previo a la actuación de Tito And Tarántula y espero que encuentren la suerte necesaria, creo que de entusiasmo van sobradas, para ganarse las alubias en esto de la música.
Pasadas las 10 de la noche salieron a escena, con la música de la Naranja Mecánica, Tito Larriva y sus tres secuaces. A la guitarra solista estaba Steven Medina Hufsteter, Alfredo Ortiz a la batería, Caroline Rippy al bajo y el propio Tito se encargaba de la voz y de la segunda guitarra. Pero la primera intentona fue agua, el micrófono de Tito no quería sonar y su Telecaster empezó a solidarizarse con él. Tras varios intentos fallidos por parte del roadie, el grupo decidió volverse al camerino a rezar supongo para que todo saliera bien. Pero no debieron recitar bien sus oraciones puesto que en la segunda intentona los problemas persistieron. Suerte que Tito se lo tomo con humor, no me quiero imaginar que hubiera pasado con alguno que yo me sé en su lugar, quizás nos hubiéramos quedado sin show por el cabreo. Tito en cambio, volvió al camerino de nuevo, regresó con una botella de tequila y empezó a repartir chupitos entre los asistentes, intentando animar de esta forma al respetable. A la tercera fue la vencida y Tito And Tarántula pudieron comenzar su recital pasadas las 10:30. Como era de esperar, el escenario se convirtió en un árido bar de carretera, cercano a la frontera mejicana, donde sonaba el Texas Boogie, el punk surf y los aires venidos desde más allá de río Grande. El sonido de la banda fue bastante bueno, con una competente base rítmica y un Steven Medina Hufsteter bastante inspirado por momentos. Sin embargo lo que falló fue la voz de Tito, bastante perjudicada, y que apenas se la llegaba a vislumbrar en el conjunto. Una pena, ya que junto a los problemas técnicos mencionados anteriormente, esta afonía provocó que la actuación general fuera floja, muy por debajo de las expectativas creadas. Aún así pudimos disfrutar de algunos buenos temas donde el oficio y las tablas del combo salieron a relucir. No faltaron éxitos como Machete, Angry Cockroaches (Cucarachas enojadas), mezclada con la popular La Cucaracha, o la famosa After Dark, eso sí sin la espectacular Salma Hayek pero con una absurda invasión de escenario promovida por el propio Tito, digna de la mejor etapa de Noche De Fiesta. Estas dos últimas fueron el colofón de un par de bises y con apenas hora y cuarto, el grupo afincado en Austin dio por terminado el show. Supongo que no por falta de ganas ni repertorio, sino motivado porque en esa sala a partir de las doce la carroza rockera se convierte en una calabaza rellena de reguetón y bakalao. Como diría un compañero de trabajo que tuve, ¡que lo mismo da!...

domingo, 22 de noviembre de 2009

Ricky Lee Jones en el Kafe Antzokia, un espiritu bohemio llegó al botxo

Nadar contra corriente nunca ha sido el camino escogido por la mayoría de los artistas. Algunos a veces, realizan parte de este sufrido trayecto para posteriormente acomodarse en el seno de aguas tranquilas y dejase llevar por la corriente que les lleve a buen puerto. Otros sin embargo luchan constantemente por seguir ese camino tortuoso que les lleve a su particular Nirvana. En el trayecto algunos se ahogan en el olvido, otros se pierden en la indiferencia pero otros sobreviven y salen a flote obteniendo el reconocimiento a veces de la crítica, otras veces del público y en raras ocasiones de ambos. El público normalmente se suele asentar en las aguas tranquilas y placenteras de ese rio, donde el mainstream monta su resort cultural de cinco estrellas en un todo incluido. La cantante norteamericana Ricky Lee Jones ha navegado por todas las zonas del rio, es más, ha cruzado por todos los ríos de este mundo, pero siempre ha elegido la estrategia del salmón para hacerlo. El miércoles 18 navegó, de nuevo a contracorriente, la ría de Bilbao y echó amarras durante un par de horas en el kafe Antzokia para ofrecernos un concierto inolvidable.



Ricky Lee Jones tan solo trajo a la capital bizkaina a un par de experimentados marineros para su recital. No sé cuál ha sido el motivo por el cual ha elegido esta formación para conmemorar sus treinta años de carrera, pero sin duda he echado en falta algún ingrediente más para la ensalada de jazz, soul, r&b, folk y pop que nos proponía la diva que reside en California. Es curioso que empiece esta pequeña reseña del show, en el que en unas líneas más atrás califico de inolvidable, con un pero. Quizás se deba a que ha pasado el tiempo suficiente para reflexionar sobre lo vivido, ver a Ricky en directo es como abrir una botella de gran reserva, se necesita un poco de tiempo y oxigeno para que el caldo se olvide de donde viene y despierte de su letargo de años. Seguramente si estas frases las hubiera escrito al día siguiente, mi mente seguiría nublada por el cúmulo de sensaciones que produce un recital de estas características. Olvidándonos de este pequeño/gran detalle, Ricky Lee Jones nos ofreció justo lo que la mayor parte de los allí congregados esperábamos de ella, canciones llenas de emoción, sentimientos a flor de piel, desnudez impúdica sobre el escenario y música de muchos quilates. Un concierto que, como si de una montaña rusa se tratase, nos llevaba desde la quietud y el sosiego hasta la algarabía controlada de sus temas más bailables. Se notaba como la gran dama de la vida bohemia de L.A controlaba hasta el más mínimo detalle y manduqueaba a sus dos adláteres frecuentemente. A pesar de que al principio, en su desnudo comienzo al piano, su personalísima voz titubeaba en forma de molesta tos, Ricky se sobrepuso rápidamente y nos mostró una interpretación vocal llena de matices, demostrándonos que controla ese instrumento a la perfección. Tan solo al final, tras casi dos horas de derrochar talento vocal sobre el viejo teatro bilbaíno, su voz empezó a dar muestras de cansancio y apareció de nuevo la dichosa tos. No me extraña que prohíba expresamente fumar en sus conciertos, esa garganta no aguantaría la humareda que se suele producir en estos eventos. En cuanto a los temas interpretados hubo de todo un poco, temas clásicos de la artista, temas modernos y de su último álbum, nunca se satisface a todo el mundo y menos con treinta años de carrera. Pero destacaría entre ellos la dedicatoria emotiva a su padre, músico de jazz, en Moon Is Made Of Gold, Tigers, Autumn Leaves o la reivindicativa versión de Bowie Rebel Rebel. Por supuesto no faltaron pequeñas disertaciones sobre su vida y familia, sobre política, su espiritualidad y alguna bronca que otra a algún despistado que no se enteraba que el silencia formaba parte del espectáculo. Menuda mujer de armas tomar y de contrastes, lo mismo paraba por dos veces un tema por un tipo que no callaba, que se emocionaba y sus ojos azules se volvían vidriosos por cantarle a aquel muchacho que le rompió una vez el corazón. En cuanto al sonido he de decir que se adecuó perfectamente al tono general del recital en el que, como he comentado anteriormente, el silencio del publico era un elemento más de él. Sus dos acompañantes eran un inspiradísimo Rob Wasserman al contrabajo eléctrico y el chico para todo Sal Bernardi, en el que solo me trasmitió en los escasos momentos que cogía la armónica, con la guitarra correcto sin más.



Otra vez puedo entonar la soflama del “yo estuve allí”, cuando la sala de conciertos de San Vicente número 2 pareció estar situada en West Hollywood bajo el nombre de Troubadour viendo a Ricky en un momento de nuevo dulce de su carrera. En ese estado donde la madurez asienta las virtudes propias de un artista y donde se hace repaso, a veces con alegría y otras con tristeza, de la vida que uno ha elegido. Estamos acostumbrados muchas veces a ver artistas que están de regreso. Artistas que deciden volver a transitar de nuevo por algunas de las estaciones por donde ya pasaron. Artistas que compran para su carrera un billete de ida y vuelta. Ricky Lee Jones no quiere desandar el camino, como un funambulista, transita por el cable en un solo sentido. Ricky Lee Jones pidió en la ventanilla a single ticket please…

martes, 17 de noviembre de 2009

El Primer Día Del Resto De Tu Vida (Le Premier Jour Du Reste De Ta Vie, 2008), el cine frances sigue en primer plano.

Es indudable que el cine francés goza actualmente de una buena salud. Dudo realmente que haya pasado por muy malos momentos en alguna ocasión, quizás haya sufrido algún bajón en alguna época concreta, y desde luego este no es el caso en los albores de este nuevo siglo. No es menos cierto que los inventores del cine siempre han sentido por este arte una predilección especial. Esto lo corroboran la extensa filmoteca francesa, tanto en cantidad como en calidad, y la gran cantidad de autores y artistas que ha parido el país vecino. El cine francés siempre ha tenido un sello de calidad y una denominación de origen bien definida y normalmente esto ha traído consigo la aceptación del público y con ello el éxito comercial. Es un hecho de que las políticas implantadas en Francia para proteger y mimar su producción cinematográfica funcionan. La cuota de pantalla de la que disfrutan las producciones francesas es muy superior a la que tienen la mayor parte de las cinematografías europeas. Esta situación ha provocado que gran parte de las películas que se producen hayan sido rentables, dato este decisivo para fortalecer esa industria y poder así competir con el gigante norteamericano. No hay un año prácticamente, en el que en Francia no aparezcan una o varias películas que no sean dignas de mención en la lista de las mejores producciones anuales. Sin ir más lejos, en el 2008 nos podemos encontrar con varios ejemplos de cine francés de gran calidad y con buenos resultados en taquilla, no solo en su propio país sino en el resto del mundo. Hoy me gustaría hablaros sobre la película realizada ese mismo año por el director parisino de 38 años Rémi Bezançon titulada El Primer Día Del Resto De Tu Vida (Le Premier Jour Du Reste De Ta Vie).



Con esta cinta Bezançon realiza su segunda incursión en el campo del largometraje, tras su más que aceptable debut con la comedia romántica Ma Vie En L'air. En esta ocasión se adentra en un drama costumbrista moderno que no carece, sin embargo, de ciertas dosis de humor en forma de ironía. El director nos propone una trama en la que nos presenta los momentos más significativos de las vidas de cada uno de los componentes de una familia, mostrándonos mediante distintos saltos temporales los puntos de inflexión que modificarán y marcarán la vida de cada uno de ellos. Con esta premisa el autor indaga inteligentemente en los problemas que sufre un núcleo familiar, cuestiones que resultan cercanas en mayor o menor medida a los espectadores, lo que provoca una rápida identificación entre estos y el filme. Temas como la incomprensión entre padres e hijos, el difícil paso de la adolescencia a la edad adulta o de esta última a la madurez, los primeros amores, las primeras relaciones sexuales o el decaimiento de estas con el paso del tiempo, están tratados de una forma sensata y atractiva en toda la cinta. Por la edad del realizador y por la época en que se desarrolla la acción, da la impresión de que este ha puesto toda la carne en el asador en él y ha realizado una película muy personal, no en vano él mismo se ha encargado de escribir la historia y el guión. Se pueden identificar a lo largo de toda la película aspectos que nos sitúan en la época en que se van desarrollando los hechos, utilizando inteligentemente la moda, la música y la televisión como delatores. No se trata esta de una película coral al uso, sino que cada personaje adquiere el protagonismo cuando le corresponde dentro de la trama, lográndose una gran armonía entre todas las situaciones y una sinergia entre personajes que aumenta la emotividad de toda la obra. Todos los actores están convincentes en cada uno de sus roles, con las dosis perfectas de emotividad requerida en cada situación, no cayendo en la sensiblería ni en la lágrima fácil. Otro aspecto que sobresale en la película, es la perfecta utilización de la música en toda ella, en muchos casos como elemento fundamental dentro de la trama y en otros para enfatizar las distintas situaciones que se van produciendo en el trascurso de la misma.


Rémi Bezançon demuestra así el buen estado de forma del que goza el cine francés en estos tiempos. Un cine que además de resultar de gran calidad tanto en contenido como en elaboración, también resulta interesante para el público y altamente comercial. En El Primer Día Del Resto De Tu Vida se vuelve a poner de manifiesto que las películas, cuando nos cuentan cosas cercanas e interesantes, no necesitan de trucos de ordenador ni efectos especiales para resultar amenas o emocionantes. Tan solo se requiere de cierta destreza, buen gusto y saber hacer para que cuando aparezcan los títulos de crédito, permanezcamos, aunque sea un solo minuto, reflexionando sobre lo que hemos visto y disfrutando del sabor que dejan un par de horas de buen cine.

El Primer Día Del Resto De Tu Vida [Trailer]

miércoles, 11 de noviembre de 2009

White Denim, no apto para ortodoxos musicales.

En los últimos años el mundo de la música ha sufrido una convulsión importante con la llegada de las nuevas tecnologías hasta los hogares de la gente. Esta circunstancia no solo ha modificado sustancialmente el negocio musical, sino que ha dilatado enormente el cuello de botella que suponían los canales habituales de distribución. Ahora es relativamente frecuente el hecho de que aparezcan nuevos artistas en Youtube, My Space o Facebook con sus grabaciones caseras y obtengan el éxito sin pasar por una casa discográfica. Esta democratización del negocio le ha venido de perlas a una gran cantidad de músicos a los que les hubiera resultado complicadísimo dar a conocer sus trabajos pasando primero por el tamiz de una major o estando en una discográfica independiente. Las grandes multinacionales suelen hacer apuestas poco arriesgadas con los nuevos artistas que desean promocionar y cuando lo hacen, despliegan todo su aparato mediático restando en gran medida autenticidad al producto. Sin embargo, con la posibilidad de realizar grabaciones amateur de gran calidad o incluso alquilar un pequeño estudio por horas, conseguir un máster y luego publicitarlo a través de Internet, volvemos de nuevo a la filosofía de las bandas del sonido Garage de los años sesenta. Aquellas bandas que intentaban emular el sonido rock de sus artistas preferidos con más entusiasmo que acierto, aunque que de vez en cuando aparecían grupos o solistas de tanta o más calidad que los emulados. Sin circunscribirnos exclusivamente al rock, podemos decir que de nuevo el sonido Garage o su esencia regresa con fuerza. Una de las bandas que cultiva ese sonido y esta forma de funcionar son los tejanos White Denim.



White Denim es un grupo relativamente nuevo. Tienen tan solo dos álbumes de larga duración e incluso el primero de ellos es una combinación de dos Ep’s anteriores. Nacen con este nombre en el año 2005, aunque sus miembros ya formaban parte de bandas de la creciente escena rockera de Austin, Texas. Lo que empezó siendo un cuarteto, terminó en un trío en el año 2006, con James Petralli a las guitarras y a las voces, Steve Terebecki al bajo y Joshua Block a la batería. En el año 2007 sustituyen el garaje por un tráiler vintage y graban su primer mini Lp en él. En este primer trabajo destapan su vocación por el sonido robusto y dinámico, en una mezcla de blues-rock, psicodelia y energía punk. Poco después, vuelven a grabar otro Ep de la misma forma y ambos son distribuidos por el grupo en sus actuaciones en directo o mediante su página web. La banda comienza a cosechar cierta repercusión debido a la propuesta ingeniosa y fresca de su música y a unas abrasivas actuaciones en directo. A finales de 2007, firman con una discográfica on-line de llamada RCRD LBL y sacan tres nuevos temas solo disponibles vía web, que son regrabaciones de temas anteriores. A partir de ese momento el grupo empieza a girar sin descanso y a recoger premios. En 2008, regraban de nuevo algunos temas viejos para la compañía inglesa Full Time Hobby y junto con algunos nuevos editan su primer álbum titulado Workout Holiday, un trallazo de rock progresivo lleno de psicodelia, power-blues, experimentación y actitud punk. Todo ello grabado de nuevo en ese viejo tráiler aparcado en un bosque a las afueras de Austin que es propiedad del batería de la banda. Más apreciados en el viejo continente que en su propio país, cosa habitual de la escena alternativa americana, hasta finales de 2008 no editan su primer Lp en USA. Un álbum, basado de nuevo en la grabación de temas viejos y que sale a la venta con el nombre de Exposion. En este último tiempo, el grupo ha girado sin cesar por ambos continentes. En el Azkena 2009 nos ofrecieron una sobresaliente actuación de la que di cuenta aquí en su momento. Este año han sacado nuevo disco titulado Fits, en el que vuelven a dar una vuelta de tuerca a su sonido, ofreciéndonos un disco con dos partes bien diferenciadas, como si estuviera pensado para una edición en vinilo. Cosa bastante curiosa, ya que este grupo basa gran parte de su estrategia de ventas en la distribución de su música en formato Mp3 o FLAC, incluso distribuyen sus discos en CD-R sin etiqueta ninguna. Quizás esto venga a demostrar que se puede mantener la esencia de las grabaciones de siempre en los nuevos formatos. En este nuevo álbum nos proponen una primera mitad llena de sonidos contundentes, donde la banda desata toda su energía y furia. Los temas recuerdan desde las improvisaciones de Jimi Hendrix Experience o Led Zeppelin a los nuevos sonidos del nuevo blues-rock que encarnan los White Stripes. Se olvidan de la receta tradicional de las canciones tipo versus-chorus-versus y nos ofrecen temas complejos sin una clara estructura definida. La corta duración de los mismos provoca que esta primera mitad se escuche de forma acelerada pero para nada molesta, como cuando al abrir gas entra de repente el turbo. La segunda mitad del álbum es mucho más sosegada y melódica, dejando los riffs fulgurantes paso a la experimentación y los efectos. En estos temas es más importante la creación de atmósferas que la energía desatada, aunque no por ello podamos decir que el ritmo disminuya bruscamente, tan solo se atempera un poco.



White Denim es sin duda una apuesta arriesgada para quien le guste la sencillez y los estándares del rock tradicional. Este trío nos propone un acercamiento al rock a través de la experimentación del jazz o de los sonidos progresivos. Su actitud punk a la hora de interpretar los temas y el concepto Garage de su música, nos devuelven a la frescura y el entusiasmo que todo grupo debiera de mantener y que normalmente suele perder con el paso del tiempo. White Denim supone un reto para los que no se conforman con saborear lo que conocen, para los que les gusta experimentar y buscar nuevos sonidos que echarse al oído. Solo apto para paladares exigentes.

Let's Talk About It From the album Workout Holiday (2008) T01


Shake Shake Shake From the album Workout Holiday (2008) T02


Radio Milk How Can You Stand It From the album Fits (2009) T01


Say What You Want From the album Fits (2009) T03


El Hard Attack DCWYW From the album Fits (2009) T04


Sex Prayer From the album Fits (2009) T06


Pain Yourself From the album Fits (2009) T08

domingo, 8 de noviembre de 2009

Chascarrillos Rockeros de Noviembre de 1976

El 13 de noviembre de 1976 la banda de jazz rock norteamericana Chicago logró el primer puesto de las listas británicas durante tres semanas consecutivas con la canción If You Leave Me Now. Este tema ya había sido número uno en los charts estadounidenses por lo que era la primera vez que la banda conseguía alcanzar el top en ambas listas con el mismo single. La canción la escribió el frontman de la banda Peter Cetera en colaboración con su productor y manager James William Guercio.

Chicago - If You Leave Me Now





Van Morrison el día 19 de ese mismo mes es premiado con su primer disco de oro en los USA por su álbum Moondance. Dicho disco se realizó hace más de seis años pero en el momento de su publicación no logro entrar en el Top 30 ni de los USA ni de UK. Sin embargo con el tiempo el álbum fue incrementando su popularidad como una obra referencial del artista, convirtiéndose de ese modo en uno de los más vendidos del catalogo de la Warner.

Van Morrison - Moondance





El ex componente de Lovin’ Spoonful John Sebastian encabezó el elenco junto a Joni Mitchell de la celebración que se llevo a cabo en el Memorial Auditórium de Sacramento en beneficio de las ballenas y que fue organizada por el Gobernador Jerry Brown el 20 de noviembre. En Mayo de ese mismo año, Sebastian había vuelto al número uno con el tema Wellcome Back.

John Sebastian - Wellcome Back





Paul Simon acudió, por segunda vez, como anfitrión al programa Saturday Night Live también el día 20. En esta ocasión se presento junto con el ex Beatle George Harrison que le acompañó en los temas Here Comes The Sun y Homeward Bound Together. Simon cantó en solitario la canción Still Crazy After All This Years vestido con un llamativo traje turco ya que la siguiente semana se celebraba el día de acción de gracias y es tradición asar el pavo (turkey en ingles). Simon no pudo terminar el tema por la vergüenza que estaba sintiendo y abandonó el escenario.
Harrison le preguntó al productor del programa Lorne Michaels si tenía los tres mil dólares que el show había prometido por una reunión de los Beatles. Michaels le dijo que si por él fuera le daría el dinero pero que la cadena NBC no estaría de acuerdo. Casualmente Paul McCartney se encontraba en Nueva York junto a John Lennon supuestamente viendo el programa.

George Harrison & Paul Simon - Here Comes The Sun





Después de 16 años juntos, el día 25 de noviembre, día de acción de gracias, The Band ofreció su concierto de despedida en el Winterland Ballroom de San Francisco. En este recinto fue donde The Band realizó su primer show con ese nombre. Este gran evento, organizado por el promotor musical Bill Graham, fue bautizado con el nombre de The Last Waltz y costó 25 dólares la entrada. En las cuatro horas de duración desfilaron junto al grupo artistas como Eric Clapton, Bob Dylan, Ringo Starr, Neil Diamond, Emmylou Harris, Joni Mitchell, Van Morrison, Muddy Waters, Neil Young, Dr. John, Ron Wood, Bobby Charles, Ronnie Hawkins, The Staple Singers y Paul Butterfield. Este evento fue filmado para la posteridad por el director de cine Martin Scorsese.

The Last Waltz - Trailer

viernes, 6 de noviembre de 2009

Almendra, la semilla del mejor rock argentino

Es muy complicado, por lo menos para mi lo es, medir la calidad de un disco si no es por la trascendencia que tenga posteriormente en algún sentido. Sí es verdad, que han quedado joyas sepultadas y abandonadas en el olvido, quizás por la mala suerte de sus creadores a la hora de mostrarlas o por resultar incomprendidas por parte del público, crítica o ambos. Pero en mi opinión, tan solo el paso del tiempo, es el que realiza la prueba del algodón definitiva a una canción o un álbum para consagrarlo como una obra maestra. Cuando esta supone un cambio radical frente a lo establecido y muestra nuevos senderos para otros músicos, estamos no solo ante un disco único, sino también ante una obra seminal. En el momento que pensamos en discos de esa categoría nuestro subconsciente nos lleva rápidamente a la cultura musical anglosajona. Pero hay otras obras musicales que han sido de gran importancia para el desarrollo de la cultura rock y pop lejos de Norteamérica y Gran Bretaña. Este es el caso del grupo del que me gustaría hablaros hoy, el primer proyecto el genial músico argentino Luis Alberto Spinetta, Almendra.


Almendra nació en el castizo barrio porteño de Belgrano en 1967. Aparte del mencionado Spinetta a la guitarra y voz, también lo integraban Emilio del Guercio al bajo, EdelmiroMolinari como guitarra solista y Rodolfo García a la batería. Formados como la mayoría de las bandas juveniles en aquella época, una fusión de varios grupos de instituto, Almendra comenzó a tocar en directo por los clubes de rock de Buenos Aires hasta que en septiembre de 1968 sacaron su primer single con los temas Tema De Pototo en la cara A y El Mundo Entre Las Manos en la B. Enseguida alcanzaron gran repercusión ya que se trababa de un sonido desconocido para cualquier banda de rock argentina hasta la fecha. Un sonido en el que la melodía y la letra alcanzaban una sensibilidad y una inspiración sobresaliente. Con claras influencias de los Beatles post Revolver, Almendra consiguió dotar al rock argentino de un refinamiento musical y de un lirismo en las letras que lo sacó del estado primitivo en el que se encontraba. A partir de este éxito comenzaron a girar por todo el país, lo que les abrió de par en par las puertas del estudio para grabar lo que seria su primer álbum a finales de 1969. Su Lp titulado Almendra se edito en enero de 1970 y consta de nueve temas compuestos casi en su totalidad por Spinetta. Rápidamente se convirtió en un gran éxito y en todo un acontecimiento dentro del rock argentino. Todas las composiciones de ese álbum tienen una calidad enorme y cada una por sí sola es un single en potencia. El tema que abre el disco titulado Muchacha (Ojos De Papel), posee un tono acústico digno de los Beatles más inspirados, con una letra sublime cargada de romanticismo. Ana No Duerme nos lleva por los senderos de rock psicodélico por los que caminan Cream o Pretty Things. En Plegaria Para Un Niño Dormido realizan su particular homenaje al tango en forma de nana, con una letra tan maravillosa como ingenua. De este modo, tema a tema, el álbum es una amalgama de sonidos rock, pop, psicodelia o progresivo con unas textos deliciosos que resultan pura poesía. La voz de Spinetta tiene la fragilidad y la dulzura de Tim Buckley y los desarrollos instrumentales de la banda alcanzan el zenit en temas como Color Humano, con más de nueve minutos que nos remiten a Pink Floyd de la etapa Barrett. Esta opera prima alcanzó un peso especifico enorme dentro de su época y fue la rampa de lanzamiento de unos jovenes músicos con apenas veinte años. Pasaron unos meses y la banda se metió de nuevo al estudio para realizar su segunda obra. Tenían en mente la realización de una opera rock, quizás motivados para realizar una obra tan ambiciosa por el momento dulce a nivel compositivo y de éxito que estaban viviendo. Pero desgraciadamente la banda se separó ese mismo año debido a los roces y el estrés producido por las constantes giras que realizaban. Sin duda estaban viviendo el momento más álgido de su corta trayectoria, pero las desavenencias entre los componentes eran ya irreconciliables. Aún así sacaron un doble álbum a finales de 1970, titulado también Almendra, con las canciones grabadas hasta la fecha. En este segundo trabajo se hace más palpable la influencia del blues y de los sonidos del rock duro de los setenta. A pesar de que este segundo disco obtiene menos repercusión que el anterior, se trata de un excelente álbum en el que el talento de Spinetta, autor de nuevo de la mayoría de las composiciones, y del resto de componentes queda certificado. A partir de entonces cada miembro del grupo retoma su carrera por diferentes caminos, siendo Spinetta, con su nueva formación Pescado Rabioso, del que espero hablaros pronto, el que alcanza mayor relevancia. A finales de los años setenta se vuelven a juntar de nuevo, realizando dos discos, uno en directo y otro en estudio, pero ya sin la repercusión de su primera época.



Almendra fue la semilla del nuevo rock argentino a finales de los años sesenta. Una época en la que todo estaba por hacer y por construir. Los grupos pioneros como Almendra se encargaron de poner los cimientos de ese sonido que crecía dentro de la juventud y que resultaba el vehículo perfecto para expresarse. Almendra junto a Manal y Los Gatos están considerados los tres pilares más importantes del rock en aquel país y por derecho propio se encuentran en un lugar destacado en el Olimpo del rock mundial.


Tema de Pototo (1968)


Muchacha (Ojos de papel) (1969)


Ana No Duerme (1969)


Figuración (1969)


Vete De Mi Cuervo Negro (1970)


Aire De Amor (1970)


Mestizo (1970)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Kit de supervivencia musical: Pink Moon de Nick Drake (1972)

A los que nos gusta escribir y opinar sobre música, bueno más bien a los que nos gusta opinar en general, disfrutamos fantaseando con cuestiones del tipo, obras que nos llevaríamos con nosotros a una isla desierta, a un viaje interplanetario, o cualquier otra cosa que se os ocurra. Quizás es un pequeño acto de vanidad en el que intentamos sintetizar nuestros gustos y darlos a conocer. Esta elección es un ejercicio muy personal, así que es casi imposible coincidir con nadie en la totalidad de las obras, sobre todo si se trata de listas extensas. Hoy siento la necesidad de hablaros de los discos que encontraríais en mi isla desierta si sufrierais un naufragio y coincidiéramos allí. No me apetece dar una lista de mis imprescindibles, sino de vez en cuando ir contando cuales son estas obras de las que no puedo ni quiero prescindir, y lo que me sugieren.
No se me ocurre mejor forma de empezar que realizando un homenaje a uno de los artistas más personales y subyugantes del rock, del cual ya realice un pequeño post al comienzo de este blog, y del que el pasado 25 de octubre se cumplió el 25 aniversario de su fallecimiento, el folk-singer británico Nick Drake y su maravilloso álbum Pink Moon.



Nick Drake nunca tuvo la suerte a su lado. El talento sí, le brotaba a borbotones, pero en vida del artista sus discos nunca alcanzaron demasiada repercusión. Quizás esa fuese la causa de su retiro voluntario después de sacar dos discos en los que puso toda su alma. A pesar de ser una persona muy joven, murió con 26 años, sufría con frecuencia trastornos emocionales que se potenciaban con la ingesta de drogas. A principios de 1971 se recluyó en la mansión española de Chris Blackwell, dueño de la discográfica Island, para encontrar el lugar idóneo en el que trabajar en su siguiente disco. Una noche de octubre de ese mismo año, se encerró en el estudio a altas horas de la madrugada y en un par de sesiones grabó, acompañado de su amigo el cantante de folk inglés John Wood, su obra titulada Pink Moon. Esta fue su peculiar manera de actuar, llegando después de la media noche, grabando unos cuantos temas y marchándose después como un alma sigilosa. A excepción del tema que da título al álbum en el cual se incluía un piano, el resto de los cortes se grabaron casi en su totalidad en una sola toma, con la guitarra desnuda de Drake acompañando a su delicada e inquietante voz. Fueron un total once temas, en los que Drake huyó de los arreglos orquestales de sus dos primeros álbumes, para adentrarse en la complejidad de sus composiciones llevadas al minimalismo. A pesar de que en sus canciones se trasmite cierta melancolía y desazón, Drake sabía como equilibrar la balanza añadiendo ciertas dosis de luminosidad y optimismo. Pink Moon es un disco en el que se respira el aroma del folk inglés, que se alimenta de los ecos de Bert Jansch, Pentagle, Fairport Convention o incluso del folk americano de la mano de Dylan, Fred Neil o Jackson C. Frank. Toma en este disco gran relevancia el trabajo con la guitarra del propio Drake, con sus afinaciones abiertas y su hermosa técnica de rasgueo. En poco menos de media hora Drake nos desarma con su fragilidad y lirismo, llevándonos a ese estado ánimo que fluctúa entre la melancolía y soledad, que portugueses y brasileiros califican con la preciosa palabra saudade.



Este fue el último álbum de un artista que no podía faltar en mi isla desierta. Un disco que podrías disfrutar cuando la tristeza y la desesperanza te invadieran, y que al contrario de lo que debiera de suponerse, te daría alas guiándote por la senda del optimismo como un jinete libre. El mejor disco de un artista que tanto ha influido en generaciones posteriores, y que en palabras del productor americano Joe Boyd, se trata de una obra de tranquila desesperación, el sonido de alguien que pende de un hilo.


Track 01 Pink Moon


Track 02 Place To Be


Track 06 Things Behind the Sun


Track 08 Parasite


Track 09 Free Ride

lunes, 2 de noviembre de 2009

Richmond Fontaine y Bravo Johnson en el Kafe Antzokia de Bilbao

Este viernes en el Kafe Antzokia de Bilbao actuaban dos grupos que habitan en los territorios del rock y del country alternativo americano actual, un género tan de moda en los últimos años. Por una parte hacía de telonero el músico cántabro Bravo Johnson, de nombre Ricardo Amurrio, escoltado por músicos de la tierra como Oscar Duke al bajo, Iñaki García a la batería o el fantástico guitarrista de los DelTonos Hendrik Roever a la guitarra. Como grupo principal nos visitaba el combo de Oregón Richmond Fontaine, con el cantante, compositor y escritor Willy Vlautin a la cabeza. A pesar de los precios populares, diez euros la entrada anticipada y doce en taquilla, no hubo ni mucho menos una gran afluencia de público, aunque si el suficiente ambiente para sentirnos a gusto en el garito.



Con el evento programado en un principio para las nueve y media de la noche, entramos al local sobre las diez menos diez y Bravo Johnson se encontraba ya tocando sobre el escenario. Con un set de algo más de una hora, Bravo Johnson desplegó un buen puñado de canciones que nos transportaban al mejor rock americano de la costa Oeste, de hecho el artista lleva afincado en Los Ángeles desde hace varios años. Claramente deudores del Young de los Crazy Horse, Grateful Dead, Dylan o Tom Petty, tocaron de forma convincente bonitas canciones y buenos desarrollos instrumentales. Lograron un sonido bastante bueno, con unas guitarras claras y bien definidas, destacando sobre todo el trabajo de Roever tanto con la púa como con el slide, y con unos teclados bien integrados dentro del conjunto. A pesar del buen tono musical que ofrecieron, su punto débil fue en mi opinión la actitud algo fría y poco apasionada que mostraron sobre el escenario. Hay que decir en su descargo que estaban grabando la actuación y que Bravo Johnson incluso se disculpo por no estar demasiado participativo con el público por esa razón. Supongo que no querían que nada les despistase para que la interpretación de los temas fuera la mejor posible, pero nunca hay que olvidarse que el rock no es solo música, también es actitud y sobre el escenario tiene que salir a relucir más que en ningún otro lugar. De todas formas disfruté mucho con la actuación de este grupo y sin duda habrá que tenerles en cuenta para el futuro.

Después actuaban los norteamericanos Richmond Fontaine, grupo que venía presentando su último álbum titulado We Used To Think The Freeway Sounded Like A River. Los de Oregón llevan ya una trayectoria de nueve álbumes desde 1996 lo que les convierte ya en un grupo veterano de la escena alternativa americana. Su estilo entronca perfectamente con el alt. Country cercano al Wilco de los noventa o a su semilla Uncle Tupelo. Dada la calidad de sus composiciones y el éxito de este estilo en los últimos tiempos, Richmond Fontaine ha tenido cierto reconocimiento tanto por parte de la crítica como por parte del público sobre todo en Europa. Comenzaron su actuación sobre las once y cuarto de la noche con un sonido más que aceptable y con una formación de dos guitarras, bajo y batería. Con un estupendo primer tema, Richmond Fontaine empezó a desgranar parte de su repertorio alternando la contundencia y la delicadeza a partes iguales. Los de Portland se caracterizan por tener unas letras muy logradas pero se puede decir que musicalmente se encuentran a la altura de sus textos. Con problemas de acoples en algunos temas, instrumentalmente destacaba su guitarrista Dan Eccles, que realizaba, ayudándose del pedal, unos riffs country con muy buen gusto. A pesar de la calidad que desprendieron en algunos temas, en mi opinión fue un show irregular. En ocasiones la voz de Vlautin quedaba algo tapada por la guitarra Eccles y los tiempos entre canción y canción se alargaban en demasía, quedando el conjunto de la actuación un tanto inconsistente. Una pena, ya que la música de Richmond Fontaine es proclive a crear ambientes y evocar esa tristeza y ese lirismo que emana del medio oeste americano. En apenas hora y media los de Portland finiquitaron el show, dejando la sensación de que nos podían haber ofrecido mucho más de los que nos dieron. Supongo que al ser la última actuación de la gira que han venido realizando por Europa en los últimos meses, pudo haber influido en el ánimo y en las fuerzas de la banda. Supongo que habrá otros escenarios y otras ocasiones para que estos chicos nos demuestren de lo que son capaces.



A modo de anécdota nos ocurrió que cuando fuimos al pequeño puesto de merchandising para comprarles algún disco, a Willy Vlautin le hizo mucha ilusión que mi amigo Santi llevara una camiseta de Dead Moon ya que estos eran de su mismo pueblo. Nos contó que era su grupo favorito de siempre y que les había visto en directo por lo menos cincuenta veces y lo cierto es que se puso súper contento. Nosotros le comentamos que les vimos hace unos años en una lúgubre sala de Santoña llamada Tropicana. Un tipo simpático este Willy. Poco más tarde cuando nos cruzamos con el guitarrista Dan Eccles en el local, también nos hizo un gesto de aprobación al ver la dichosa camiseta. No hay duda que la música une.
 
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